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Archive for 8/07/08


Modificar la baja percepción del riesgo y la aceptación social del consumo de drogas son mensajes que cobran relevancia cuando se habla de cannabis. El que durante años se le haya calificado de droga blanda, unido al discurso de los movimientos pro legalización de la marihuana y el hachís han sido elementos que han facilitado su extensión.

 

Esta sustancia es la droga ilegal más consumida en el mundo y en España. En menores, como apuntan los últimos datos del Ministerio de Sanidad, el 20% de jóvenes (entre 14 y 18 años) había consumido cannabis en los últimos 30 días, frente al 8,7 de la población de entre 15 y 64 años. Prevalencias muy altas, aunque en los adolescentes, menor que la de años anteriores.

 

Problemas

 

El Plan Nacional sobre Drogas publicaba además hace dos semanas un informe elaborado en colaboración con el Observatorio Europeo de Drogas y realizado en 14.589 estudiantes, que exponía que el 2,2 por ciento de chavales de entre 14 y 18 años presenta un consumo problemático de cannabis. En total, serían 50.000 los jóvenes en España en esta situación. Carmen Moya, delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), explica a que el informe trató de detectar al adolescente que “no es consciente de que este consumo le está generando problemas y que puede desarrollar dependencia en un futuro”.

 

La extensión del consumo de cannabis y la edad de inicio de esta droga, situada en tan sólo 14,6 años, son cuestiones que preocupan. Moya critica asimismo que el consumo de cannabis está casi “normalizado. Esta percepción de que no conlleva riesgos es un mito que hay que romper”.

 

En población joven, pero que ya ha cumplido la mayoría de edad, el consumo de cannabis también es frecuente, según un estudio del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago en 554 alumnos. De éstos, el 25,2% declaró fumar cannabis de forma habitual. Su autor principal, Fernando Vázquez, advierte de que el consumo de esta sustancia es a menudo la puerta de entrada al consumo de otras. “En el mundo de las drogas no suele haber consumidores de una sola sustancia, por lo que no es extraño que el usuario de cannabis consuma también tabaco y alcohol”.

 

Las consecuencias agudas del cannabis incluyen descoordinación motora, euforia, ansiedad, sensación de que el tiempo transcurre lentamente, deterioro de la capacidad del juicio, retraimiento social, desarrollo de trastornos psicóticos inducidos por el cannabis (aunque suelen remitir a las 24 horas) además de que afecta al rendimiento escolar y laboral del afectado.

 

Pero a largo plazo puede tener efectos irreversibles como deterioro de la memoria y de la atención, propiciar trastornos de ansiedad, y en personas vulnerables favorece el desarrollo de psicosis.

 

Moya apunta que en torno al 7% de los que prueban el cannabis acabarán desarrollando dependencia o lo que es lo mismo, pérdida de control sobre el consumo unido a efectos físicos, psicológicos y comportamentales.

 

Comunicación

 

Lograr la confianza del paciente es lo más complicado. “Precisa habilidades de comunicación para diagnosticar y abordar estos asuntos, manteniendo la confidencialidad porque es una parte muy íntima y privada, y que en muchos casos tiene un tinte de ilegal. Por eso hay que trabajar sobre los prejuicios para que no influyan en la relación terapéutica”.

 

En adolescentes, la demanda de ayuda es probable que parta del entorno familiar. “Hay que dejar claro que hay que trabajar con el adolescente e intentar calmar la angustia que estas situaciones genera”.

 

Comorbilidad psiquiátrica

 

La comorbilidad entre consumo de cannabis y trastornos mentales se encuentra en plena investigación. La semana pasada se publicaban los resultados de un estudio en adolescentes hospitalizados en el Servicio de Psiquiatría y Psicología Infantil y Juvenil del Hospital Clínico de Barcelona que mostraba que uno de cada diez había consumido esta droga a diario en el último año. El trabajo, promovido por el Programa de Becas de Investigación de la Fundación Española de Psiquiatría y AstraZeneca, expone que los pacientes con trastornos de conducta, déficit de atención e hiperactividad y trastorno bipolar registran los mayores consumos. Estudios de neuroimagen han demostrado, por otra parte, el daño que el cannabis produce en el cerebro. Uno de los últimos, publicado en junio en Archives of General Psychiatry, señalaba que fumar a diario cinco cigarrillos de cannabis reduce el hipocampo, que es el área cerebral que regula las emociones y la memoria. “Es difícil demostrar el efecto causal en estas enfermedades”, explica José Zarco, de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc). Respecto a la asociación clásica con la esquizofrenia, el experto señala que “no está claro si el cannabis favorecería la enfermedad o desenmascararía una predisposición genética”.

 

Fuente: correofarmaceutico.com

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