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Archive for 16/07/08


La “salvia mágica” proviene de la familia de las salvias o las mentas. Su nombre científico es salvia divinorum. Popularmente se la conoce como “ska pastora”, “ska María” o “hierba María”. Los chamanes mazatecos o shinahes de Oaxaca la han usado tradicionalmente de manera ritual y terapéutica, tanto en ritos adivinatorios como de curación de problemas digestivos, dolor de cabeza, reumatismo y anemia. Su consumo habitual potencia la intensidad de los sueños.

 

Entre 1951 y 1962, el antropólogo estadunidense Robert Gordon Wasson estudió el uso y los efectos de la planta. Caracterizó el estado que se alcanza al mascarla como un cuadro que bien podría describirse como psicodélico. Wasson sospecha que la salvia divinorum fue la droga que los aztecas llamaban “pipiltzintzintli”.

 

La doctora y terapeuta catalana Helen Flix cree que la verdadera función de la salvia divinorum, mascada a nivel ritual, es otorgar lucidez y claridad mental, para ver y solucionar los problemas personales del momento.

 

El filósofo y etno-farmacólogo Terence McKenna, habló de “una experiencia muy rara e intensa, que asusta incluso a los mejores pilotos”.

 

“Su efecto alucinatorio es corto, pero fuerte, y no se puede conseguir con ninguna otra sustancia vegetal o sintética”, dice a Apro el farmacólogo Tibor Harrach. “Los consumidores encuentran fascinante el hecho de verse despreocupados de la realidad que los rodea, y de poder viajar a través del tiempo, lo que tal vez sea un motivo tradicional de uso para los indígenas”, aclara.

 

Los indígenas mazatecos mascan las hojas frescas de la salvia divinorum. La beben en infusiones. Toman el jugo de las hojas machacadas. En Europa y Estados Unidos muchas personas fuman las hojas o el extracto que se obtiene de ellas. El efecto es diferente. “Aquí la usan para acceder a un cambio de conciencia, por placer, por motivos hedonísticos”, sostiene Harrach.

 

A la hora de observar los efectos, no sólo la sustancia juega un papel importante sino también la forma en que se consume. Por ejemplo, si se la masca o se la fuma. “Otra diferencia esencial es la actitud, la motivación, y también el entorno en que se consume”, explica Harrach. “Cuando los indígenas lo hacen, a lo largo de generaciones, el entorno y la motivación son diferentes a los del consumidor adolescente que aquí prueba salvia divinorum en su casa. Cuando el efecto se va, más bien se lo reflexiona de manera intelectual, buscando un significado que los chamanes perciben naturalmente.”

 

Drogas naturales

 

La Oficina Europea de Observación de las Drogas, con sede en Lisboa, verifica un crecimiento en el interés por las drogas biogenéticas. En Alemania son los adolescentes quienes más se pliegan a las drogas naturales. Los motivos, a juicio del farmacólogo Harrach, son diversos:

 

A comienzos de los setenta muchos jóvenes europeos, inspirados por el movimiento hippie, salieron a viajar por el mundo. Así conocieron sustancias que, de regreso a Europa, empezaron a ser consumidas en pequeños círculos. Las investigaciones posteriores, plasmadas en libros, en la prensa o en Internet, han tenido un efecto catalizador.

 

“El interés general de los jóvenes europeos por tales rituales aumenta, porque uno crece aquí en un mundo muy tecnificado, científicamente desposeído de magia, en el que todo es de algún modo explicable”, señala Harrach.

 

“El deseo crece al leer que estas sustancias pueden llevar a otro mundo, a un mundo que no se puede explicar con los medios que uno ha aprendido en la escuela o la universidad”, explica.

 

La salvia divinorum tiene intensos efectos psico-activos. Dependiendo de la persona y del tipo y grado de consumo, puede producir hilaridad y euforia, picos de intensidad y de terror. La sobredosis ocasiona pérdida de conciencia y control sobre el cuerpo. Al igual que ocurre entre los consumidores, entre los científicos también hay discrepancias.

 

“Su consumo no sólo puede producir alucinaciones, sino también fuertes psicosis, y puede causar la pérdida completa de la capacidad de control”, sostiene Sabine Bätzing, a cargo de la oficina del gobierno federal de Alemania que se dedica a la problemática.

 

“No tengo conocimiento de que existan informes que consignen daños por consumo de salvia divinorum”, replica, sin embargo, Harrach. “Los hospitales o estaciones de atención de fármaco-dependientes casi no consignan casos de intoxicación con salvia divinorum, en contraste con otras sustancias. No la considero particularmente peligrosa, pero creo que es importante saber más acerca de la sustancia, sobre todo cuando la consumen jóvenes que nunca antes han tenido experiencia con sus efectos, y además fuera de entornos sociales, como ocurre en los rituales en México.”

 

La mayoría de las plantas psico-activas crecen libremente en el jardín. Pero la prohibición abarca sólo a los así denominados “hongos mágicos”, que entre los adolescentes alemanes encuentran hoy una demanda superior a la del éxtasis. A pesar del fallo judicial de Frankfurt, la salvia divinorum puede conseguirse todavía sin problemas en Internet. Encargándola por e-bay, el consumidor la recibe cómodamente en su casa.

 

La regulación jurídica es compleja y poco clara. La “salvia mágica”, al igual que otras drogas naturales, no está sujeta a control internacional. Su comercialización está prohibida en Australia, Finlandia, Dinamarca, Suecia y España.

 

Sin embargo, el fallo del tribunal de Frankfurt podría tener consecuencias a nivel político. Es posible que ahora las autoridades alemanas avancen hacia la penalización legal del consumo de la planta.

 

El tribunal de Frankfurt cree que la venta al público de “salvia mágica” contraviene reglas establecidas en la ley de medicamentos. La defensa del comerciante berlinés, a cargo de la abogada Natalie von Wistinghausen, argumentó que la salvia divinorum no es un medicamento, ya que no trata ningún dolor o afección.

 

“La salvia divinorum es un medio para obtener placer, tal como el alcohol”, sostiene Harrach. “Creo que es un fallo equivocado, que demuestra lo incapaz que se encuentra la justicia alemana, frente a un antiguo ritual mexicano.

 

Lo único que se les ha ocurrido es sostener que se trataría de un medicamento no permitido y por lo tanto ilegal. Para los criterios válidos en Alemania esto es absurdo. La justicia reacciona con automatismo, sin querer enfrentarse con el significado que tiene en México, el que tiene aquí, y el que podría tener dentro de un diálogo intercultural entre Europa y Mesoamérica. En Europa hay miedo de aceptar otras drogas embriagantes más que el alcohol.”

 

La droga buena

 

Los curanderos tradicionales en el pueblo de Xochipila, Guerrero, reconocen la diabetes por el sabor de la orina o de la sangre. En caso de corroborar su sospecha, elaboran un brebaje, el “agua de uso”, compuesto de varias plantas medicinales al que se añade maíz, que se da a beber al paciente.

 

Un equipo de investigadores de la Universidad de Bonn, respaldados por colegas de la UNAM, anunció en 2003 que había comprobado la efectividad de las plantas allí utilizadas para tratar la diabetes tipo II.

 

El investigador Helmut Wiedenfeld, a cargo del proyecto, observó durante algún tiempo la labor de los chamanes. Aisló componentes de la planta. Administró con éxito a ratas un preparado seco del procedimiento. Finalmente, Wiedenfeld anunció la futura instalación de una fábrica en México, a fin de producir el medicamento.

 

Recalcó que los indígenas de la zona recibirían una garantía de la compra de las plantas. En la actualidad mantiene conversaciones con dos empresas farmacéuticas interesadas en el proyecto, una de ellas, de capitales austriacos.

 

La primera controversia surge frente a la posibilidad de patentar la planta o el procedimiento farmacológico, si se tiene en cuenta que el proceso de obtención del medicamento se inspira en la medicina tradicional.

 

“El derecho de patentes es muy complicado”, dice Wiedenfeld a Apro. “Aquí no se puede patentar una planta. Incluso, si fuera posible, yo no lo haría, por cuestiones éticas. Si usamos una planta mexicana, debe seguir siendo un asunto mexicano. Yo no puedo sacar una planta de un país y patentarla en otro. Lo que sí se puede patentar son determinados procesos de producción, por ejemplo, un determinado extracto. Esto se puede y se debe patentar, para que el preparado que se produce no pueda ser imitado o copiado. Si no fuera así, tampoco se encontraría una empresa que quisiera sumarse al proyecto.”

 

Wiedenfeld, junto con el investigador de la UNAM, Adolfo Andrade Cetto, desean patentar, en México y en Alemania, el procedimiento a través del cual se puede producir un determinado extracto.

 

“Un conocimiento tradicional, que es bueno en general, si se patenta, se convierte en propiedad exclusiva. Este es el problema central”, dice a Apro Christian Wagner, coautor del libro Grüne beute (“Botín verde”). Allí se analiza el modo en que muchos consorcios farmacológicos y universidades del mundo desarrollado realizan estudios de bioprospección de la biodiversidad en el Tercer Mundo, acumulando conocimiento tradicional y etno-botánico, que casi indefectiblemente se traduce en ‘biopiratería’.

 

Mientras que la ganancia para los consorcios farmacéuticos o cosmetológicos es inmensa, la participación de las comunidades de origen en los beneficios es nula. A Wagner le tocó consignar en el libro el trabajo de Wiedenfeld. “En ese sentido, el chamán fue muy útil: esa es la crítica”, señala. “Pero también hay aspectos positivos. Desde el comienzo trabajó con el chamán y en ese sentido no es ningún robo, ninguna piratería, sino una cooperación. Wiedenfeld quiere participar de los beneficios a la gente de la que ha obtenido el conocimiento.”

 

De construirse la fábrica, los indígenas de la zona obtendrán una garantía de compra de las plantas. Lo más probable, sin embargo, es que el precio sea fijado por la empresa. La población de origen, a cambio de su conocimiento tradicional, podría verse degradada a la calidad de fuerza laboral barata.

 

Christian Wagner cree que hay que ver qué tipo de contrato se firma, cuánto obtienen los indígenas, y si se los incluye en las negociaciones. “Otros investigadores farmacéuticos de otras universidades no se detienen ni un segundo a pensar sobre el componente social de su trabajo”, señala Wagner. “Se trata de obtener resultados científicos y de patentarlos inmediatamente. De todas formas, hay que ver después qué pasa con las buenas intenciones, debido a la presión comercial de la empresa que pone la fábrica.”

 

Por lo pronto, en las negociaciones que Wiedenfeld lleva a cabo con las empresas farmacéuticas hay acuerdo en que un determinado porcentaje de las ganancias se transferirá hacia México. Pero no a los indígenas, que no tienen personalidad jurídica, sino a la UNAM. Wiedenfeld apunta a que se les compre maquinaria, se equipen sus centros de salud o se mejore la infraestructura. Todavía resta ver si habrá mecanismos concretos de regulación, para que estos beneficios también alcancen a la población de origen.

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El Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, de Valencia, acoge hasta final de año la exposición Visión científica de las drogas: ‘Si sabes, no te metes’, una iniciativa de la Consejería de Sanidad y la Fundación para el Estudio, Prevención y Asistencia a las Drogodependencias (Fepad) encaminada a ofrecer conocimientos científicos e información general sobre las drogas y sus consecuencias, potenciando la sensibilización y la prevención entre la población.

 

Para completar esta acción se ha editado un libro que, con el mismo título, plasma los contenidos de la exposición, aunque adaptando las definiciones técnicas a un lenguaje más claro y divulgativo, y desmitifica falsas creencias sobre las drogas.

 

En la presentación del libro, Manuel Cervera, consejero de Sanidad valenciano, destacó la importancia “de la información y el conocimiento en el tema del consumo de drogas”, además de alentar a seguir realizando un esfuerzo constante y continuo para seguir en este camino.

 

Según un estudio entre los 1.500 escolares valencianos de entre 12 y 18 años que han visitado la exposición, el 57 por ciento aumentaron la percepción de peligrosidad en el consumo de alcohol, tabaco y cannabis, además de mostrar un cambio de actitud con respecto al uso de sustancia adictivas; y el 64,5 por ciento ha mejorado en conocimientos sobre las consecuencias del consumo de drogas en el organismo.

 

Para finalizar, el estudio confirma la peligrosa distinción que la sociedad hace entre drogas duras y blandas, ya que el 98,5 por ciento de los alumnos señalaron que percibían como peligrosas o muy peligrosas el éxtasis, la cocaína, la heroína y el LSD, por este orden.

 

Fuente: Diario Médico

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