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Archive for the ‘Adolescencia’ Category


La aprehensión de doce kilos de heroína escondida en el depósito de combustible de un vehículo en Tui no es casual. Aunque la Policía Nacional cree que ese cargamento iba para Portugal, la aparición cada vez más frecuente de alijos de esta sustancia en Galicia lleva a las fuerzas del orden a dar por seguro que hay un repunte en el consumo de una droga que en los últimos años se reducía a ambientes marginales.

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Esta es la campaña que realizó el Ayuntamiento de Madrid en contra del consumo de alcohol por parte de los jóvenes. Un objetivo claro, hacer ver a los padres que ellos también son parte del problema y parte de la solución.

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La FAD elabora una guía para ayudar a los progenitores a saber escuchar y hablar de drogas con sus niños · Marina señala que “la fractura existente entre escuela y familia causa parte de los fracasos educativos”. 

 

Una niña de siete años le pregunta a su madre ¿qué es droga?; un niño de doce quiere que le dejen probar vino en una comida navideña o a un chico de 14 le encuentran hachís en el bolsillo. A éstas y otras muchas situaciones relacionadas con las drogas se enfrentan los padres desde los primeros años de vida de sus hijos hasta la adolescencia. Cuestiones que suelen resultar difíciles de resolver.

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Los jóvenes españoles “tienen una alta percepción” del riesgo que suponen las drogas pero optan por consumirlas por los “beneficios sociales” que esperan obtener tras su ingesta. De este modo, comienza el último informe que la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) ha publicado sobre la juventud española y la relación de ésta con el consumo de drogas. Ayer mismo la agencia de noticias Europa Press, sacaba a la luz todos los datos sobre la situación y el grado en el que se encuentra este target poblacional.

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ESTRÉS ADOLESCENTE


Estudios psicológicos afirman que, una de las épocas en la vida de los humanos en las que más estamos sometidos a situaciones de estrés es durante la adolescencia, y es que la transición desde la infancia al ser adulto es muy complicado. Sobre todo porque empiezan a vivir situaciones propias de una persona mayor, sin tener todavía los recursos necesarios para superarlas con éxito.

 

Según un estudio llevado a cabo por un grupo de científicos de la Universidad de Michigan Ann Arbor, una tercera parte de los adolescentes norteamericanos experimentan estrés motivado por “las enormes expectativas de sus padres y la sociedad” y dos tercios experimentan síntomas del estrés al menos una vez a la semana. Un adolescente que todavía carece de la capacidad de vencer su estrés corre el riesgo de sufrir depresión o ansiedad u otra enfermedad, o de intentar paliarlo con métodos peligrosos como las drogas o el avestrucismo.

 

Por muy seguros de si mismos que nos quieren hacer creer que sean nuestros hijos adolescentes, en el fondo se mueven muchas veces en un gran mar de dudas e inseguridades. Estos son algunos de ellos:

 

  • Exigencias y fracasos académicos
  • Pensamientos negativos sobre ellos mismos
  • Cambios en su cuerpo. La pubertad
  • Problemas con compañeros del instituto o acoso escolar
  • Vivir en un barrio problemático
  • Problemas de pareja de sus padres – peleas, separación o abusos
  • La muerte de un ser querido o un mascota
  • Una mudanza o un cambio de centro escolar
  • La realización de demasiadas actividades
  • Problemas económicos en la familia
  • Cómo reconocer el estrés adolescente

 

No debemos esperar que nuestros hijos nos expliquen que estén estresados, porque probablemente ni ellos mismos sepan qué les pasa. Por este motivo, debemos estar alertos ante la presencia de algunos de los siguientes síntomas del estrés:

 

  • Agotamiento y cansancio crónico con sensación de malestar
  • Excesiva auto-crítica
  • Sensación de persecución
  • Cinismo, irritabilidad y negatividad
  • Brotes de furia por motivos aparentamente triviales
  • Enfado cuanto les exigimos algo
  • Insomnia
  • Dificultad respiratoria
  • Sensación de inútil
  • Tendencia a correr mayores riesgos
  • Suspicacia
  • Como ayudar a un adolescente estresado

 

Lo primero es ayudarle a reconocer que necesita ayuda – nada sencillo en el caso de los adolescentes que suelen pensar que son más que auto-suficientes y saben más que nosotros. Requiere paciencia y ciertas dotes de comunicación lograr primero, que nos escuchen y segundo, que nos hagan caso. Por eso es muy importante hacerles comprender que respetamos los motivos por su estrés y queremos ayudarles a superarlo, que tenemos completa confianza en su capacidad de hacer justamente eso. Y que lejos de pretender meternos en su vida, les queremos ayudar.

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Los hijos ocultan amores y los padres sus debilidades, según relata el psicólogo Javier Urra en un libro sobre los secretos de unos y otros

 

Ya sea por vergüenza o por desidia las relaciones entre padres e hijos adolescentes han estado marcadas por la falta de comunicación. Se trata de un mundo conocido pero inexplorado. Es un tiempo marcado por el secretismo y la inseguridad, que llega cuando se rompe el cascarón y madura la sexualidad. Esta fisura del vínculo afectivo se alimenta de silencios y mentiras, tanto por lo que ocultan los vástagos como por lo que callan sus progenitores. Con el afán de acercar estos dos polos, el psicólogo Javier Urra ha compilado en el libro ¿Qué ocultan nuestros hijos? la respuesta anónima de varios miles de alumnos de 8 a 20 años y la visión que sobre esta relación tienen sus padres.

 

El estudio sociológico se estructura a partir de una cuestión concreta: Lo que no contamos a nuestros padres. Aunque un nutrido de jóvenes asegura que su diálogo es activo, que no hay secreto que se guarden, el resto enumera una serie de temas tabú entre los que destacan, por este orden, las relaciones con el sexo opuesto, las malas notas, qué hacen cuando salen, los problemas con los amigos, el alcohol, el tabaco, sus

problemas y preocupaciones y, de menor trascendencia, las relaciones sexuales (más en mujeres), los castigos escolares (más en varones) y el grupo con el que se mueven.

 

Por edades, el estudio refleja que los niños de 11 y 12 años callan cosas que no deben hacer pero hacen; a los 15 y 16 años ocultan problemas y preocupaciones. A corta edad esconden quién les gusta y de mayores no cuentan las relaciones y el sexo, además de silenciar que fuman o beben alcohol. Las chicas ocultan más las relaciones con sus novios, mientras que los chicos callan en mayor medida las malas notas.

 

Respecto a los padres (respondieron casi un millar, de las que tres cuartas partes eran mujeres), la conciencia colectiva considera que los progenitores silencian prioritariamente los temas sobre sexualidad por vergüenza o por no encontrar el momento adecuado. Sin embargo, los datos contradicen esta percepción popular. Los problemas laborales, económicos y de pareja son más callados que los referentes a la

sexualidad.

 

Dice Javier Urra que los padres ocultan cosas muchas veces por no preocupar a sus hijos, pero también para que no conozcan cómo se comportaban ellos cuando tenían su misma edad. Esconden quién les da información privilegiada de sus vástagos y también el dolor que sienten cuando sus hijos les hieren. «Esto les crea una angustia, a veces injustificada, respecto a si están haciendo todo lo que pueden», afirma el asesor de Unicef y ex Defensor del Menor.

 

El sociólogo aconseja a los progenitores que no traten a sus hijos con paternalismo y usen «descaradamente» su propio lenguaje en plan «colegas», ya que, «aunque nos vean frágiles en algunos aspectos, influimos en ellos más de lo que pensamos». Hay cuestiones, en este sentido, que no deben ser tratadas ni con frivolidad, ni a salto de mata. Está bien, por ejemplo, preguntarle si llevan preservativos, pero

antes de hacerlo habrá que educarles en una sexualidad basada tanto en el disfrute como en el respeto hacia sí mismo y hacia el prójimo.

 

Una de las reflexiones a tener en cuenta es que los padres pueden esconder una verdad que haga daño, «ya que hay zonas de nuestro ser intransferibles que no deben ser violentadas: ángulos de la intimidad, fantasmas personales que no deben ser removidos, salvo por profesionales y en momentos puntuales», señala el especialista.

 

También la soledad del menor aparece en el estudio como una de las «enfermedades más graves», ya que algunos responden que salen a dar una vuelta con los amigos y en realidad no saben dónde ir porque no tienen amigos. «Sólo el 35% de la comunicación se da por la palabra, el resto es el denominado lenguaje no verbal: mímica, gestos, tonos de voz, silencios. Hay que tenerlo en cuenta para conocer mejor a los hijos», aconseja.

 

El psicólogo forense cree que hacen falta más charlas de sobremesa, de viaje y de cuna y preguntar a los hijos más por lo que siente que por los que hace, para que luego no les pille todo de sorpresa. Y tan importante como una comunicación fluida es afrontar el reto de educar a los hijos con naturalidad, sin presiones personales. Hay padres, según Urra, que sufren demasiado, «se atormentan». No es para tanto.

 

Fuente: El Correo

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