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Posts Tagged ‘Cerebro’


¿A qué edad fumaste el primer ‘porro’? Si han pasado ya seis años y sigues consumiendo cannabis es importante que conozcas los datos de una nueva investigación australiana que constata una relación entre su consumo prolongado y un mayor riesgo de desarrollar de psicosis.

Éste no es el primer trabajo que asocia el uso de esta droga con el trastorno psiquiátrico, pero sí es el “único que ha sido llevado a cabo con la participación de parejas de hermanos”, insisten los autores, dirigidos por John McGrath, del Instituto del Cerebro de la Universidad de Queensland (Australia).

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Los cannabinoides activan una vía molecular relacionada con los recuerdos.
Que el consumo de marihuana y sus derivados provoca problemas de memoria es algo bien sabido. Sin embargo, el proceso concreto desencadenado por el tetrahidrocannabinol, el principio activo de esta planta, era una incógnita. Un grupo de investigadores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona detalla en el último número de la revista “Nature Neuroscience” su acción en el cerebro.

El proceso de adquisición de memorias, ya sea de conocimientos, valores, experiencias o habilidades, se divide en diferentes fases. Primero, nos exponemos a aquello que vamos a aprender: la capital de Burkina Faso, cómo se usa un cuchillo… Luego, en nuestro cerebro tiene lugar el proceso de consolidación, unas 24 horas después. Si éste no sucede, entonces, no recordaremos.

Los descubrimientos realizados por Andrés Ozaita y Rafael Maldonado, especialistas en neurofarmacología de la Facultad de Ciencias de la Salud de la universidad barcelonesa, sugieren que el conocido efecto deletéreo de los cannabinoides sobre la memoria se debe, precisamente, a la interrupción del proceso de consolidación.

“Los animales a los que les administramos delta-9-tetrahidrocannabinol [THC] después de haber “aprendido” una tarea no lo recordaban un día después”, ha explicado a elmundo.es Ozaita. “Eso quiere decir que la exposición a estas sustancias interfiere en la consolidación de la memoria”, añade el investigador.

Una compleja cascada de acontecimientos

El THC es una sustancia que pertenece a la familia de los cannabinoides. En nuestro cerebro existe un sistema que funciona con moléculas del mismo “linaje”, el endocannabinoide, que “interviene cuando es necesario disminuir el nivel de excitación neuronal”, señala Ozaita. Para realizar su misión, estas moléculas se unen a los receptores cannabinoides (CB).

La sustancia activa del cannabis, el THC, actúa sobre los CB1, situados en unas neuronas del hipocampo, estructura relacionada con la memoria y la representación espacial. Cuando los cannabonoides se unen a los receptores de las interneuronas gabaérgicas, nombre concreto de estas células nerviosas, causan la activación de una vía de señalización molecular involucrada en el control de la síntesis de proteínas.

“La hipótesis de nuestro trabajo era que el incremento anómalo de la síntesis de proteínas en las sinapsis podía causar los problemas de memoria”, señala Ozaita. Y sobre ella dispusieron sus experimentos, que confirmaron que la activación excesiva de la vía molecular mTOR, provocada por el THC, está asociada con déficits en la memoria.

En el futuro, este equipo científico planea estudiar los efectos de la exposición crónica a esta sustancia, “comprobar si a largo plazo se produce tolerancia, como ocurre con los opioides” y “descubrir la relación exacta entre el sistema endocannabinoide y la memoria”, concluye este investigador.

Fuente: elmundo.es/elmundosalud
Autor: Cristina de Martos

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Expertos del banco de cerebros de la Facultad de Medicina del País Vasco (UPV), en colaboración con la Universidad de Ginebra y el grupo de Farmacología de la Universidad de las Islas Baleares, dirigido por Jesús García Sevilla, han comenzado una investigación molecular para conocer cómo la adicción a la heroína y a los opiáceos afecta al cerebro humano.

 

Los investigadores, que guardan en grandes cámaras frigoríficas, a 80 grados bajo cero, más de mil muestras de sesos humanos para investigar enfermedades mentales, han utilizado en esta ocasión trocitos de cerebros de personas toxicómanas facilitadas por un ‘biobanco’ del cantón de Normandía.

 

Sus primeras conclusiones son claras. «Este tipo de sustancias pone en marcha y acelera los mecanismos de muerte celular programada», afirma el catedrático de Farmacología de la UPV Javier Meana, responsable del banco de cerebros. «Las células cerebrales están programadas para morir en un momento determinado. Al consumir drogas, este proceso se acelera». La muerte temprana de las células del cerebro se traduce en una mayor degeneración del individuo, aunque los científicos aún no tienen claro cuáles son las consecuencias sobre el comportamiento humano, ya que en ello influyen múltiples factores de salud, sociales y medioambientales.

 

Los científicos de la UPV conservan más de mil muestras de cerebros de otras tantas personas que han muerto de manera violenta para estudiar las complejas causas de enfermedades mentales como la esquizofrenia, la depresión y el trastorno bipolar. Las muestras pertenecen tanto a enfermos mentales como a personas sanas, para poder hacer comparaciones entre ellas.

 

Los estudios de Javier Meana van más allá. A juicio del catedrático de Farmacología, «igual tenemos que replantearnos a largo plazo el uso de la metadona, porque está contribuyendo a envejecer el cerebro de los toxicómanos». El experto sabe que su planteamiento es polémico y reconoce los beneficios de este opioide sintético, cuyo uso ha sido impulsado por las políticas gubernamentales contra la droga, con el apoyo de los terapeutas y compañías farmacéuticas que la producen. «La metadona ha resuelto muchos problemas de los heroínamos, ha servido para hacer frente al sida y a otras infecciones y para controlar las adicciones, pero también es cierto que los cerebros de las personas que la consumen están más deteriorados», concluye.

 

 

 

Fuente: abc.es

Autor: Judith de Jorge

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Ir de botellón una vez al mes supone un factor de riesgo para la salud según las conclusiones del XXIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) que se está celebrando desde el pasado miércoles en A Coruña. Los expertos alertaron además de que en los jóvenes cualquier ingesta de alcohol ya supone un peligro. Este dato es especialmente preocupante si se tiene en cuenta que la edad de inicio se sitúa en España en los 12 años de media y que seis de cada diez jóvenes de entre 14 y 18 años aseguran haberse emborrachado alguna vez en su vida. “Hasta los 20, la plasticidad cerebral todavía se está configurando con lo que las lesiones que produce el alcohol se vuelven irreversibles”, explicó el doctor Javier Laso, jefe del servicio de medicina interna del Hospital Universitario de Salamanca y coordinador del grupo de trabajo sobre alcohol y alcoholismo de la Sociedad Española de Medicina Interna.

 

Los daños producidos por el etanol, la sustancia tóxica que contienen las bebidas alcohólicas, afectan mayoritariamente a las zonas cerebrales de aprendizaje, como la memoria, aunque también se producen trastornos en la psicomotricidad y de la conducta y una mayor posibilidad de dependencia de cara al futuro. El botellón, no obstante, es un fenómeno relativamente moderno, con lo que todavía no se ha podido investigar en profundidad y no se sabe hasta dónde llegarán todas sus consecuencias.

 

El 60% de los españoles mayores de 16 años consume alcohol de forma habitual y cerca de un 5% lo hace en exceso.

 

El alcohol es la segunda droga más consumida en España de forma esporádica después del tabaco, que también lidera la clasificación de las drogas habituales. Según un estudio realizado por la Sociedad Española de Medicina, el 9% de los pacientes que acuden al médico internista son bebedores de riesgo, es decir, personas que sin saberlo están ingiriendo diariamente una cantidad de alcohol que podría derivar en problemas graves de salud. Esa cantidad se estima en 40 gramos en el caso de los hombres y 20 en el de las mujeres, equivaliendo tan sólo un vaso de vino o una cerveza a 10 gramos y un cubata a 20.

 

A estas cifras deben añadirse además como datos alarmantes que alrededor del 60% de la población mayor de 16 años consume alcohol habitualmente y se estima que cerca de un 5% bebe en exceso todos los días, no sólo los fines de semana como sucede en la mayor parte de los casos.

 

Por motivos culturales y sociológicos, sin embargo, la respuesta de la sociedad ante el abuso del alcohol es escasa, y en muchas ocasiones se justifica alegando posibles beneficios del consumo moderado de bebidas alcohólicas como el vino o la cerveza.

 

Pero si escasa es la respuesta de la sociedad, también lo es, y además insuficiente, la sanitaria. Para Javier Laso es necesaria una mayor concienciación porque “identificar a tiempo un consumo de riesgo es tan importante como detectar precozmente un incremento de la presión arterial o de los niveles de colesterol en sangre”. De hecho, se han descrito más de 60 enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol que afectan a órganos vitales como el hígado o el páncreas (la esteatohepatitis y la cirrosis son dos de las más generalizadas), y también a los sistemas cardiovascular y nervioso, además de producir alteraciones de la respuesta inmune del organismo.

 

El problema se agrava con la pasividad respecto al tema de muchos profesionales de la salud, debido en gran parte a carencias formativas de pre y postrado. Un ejemplo de ello es que en el ámbito hospitalario más de la mitad de los pacientes con problemas relacionados con el alcoholismo no son reconocidos como tales por el médico que les atiende. “Casi al 40% de los pacientes no se les interroga acerca del consumo de alcohol”, aseguró Javier Laso, “y en el caso de que sí se haga, sólo en el 18% de ellos se científica la cantidad ingerida”.

 

Con el fin de sensibilizar a los profesionales sanitarios acerca de la incidencia del alcoholismo entre los pacientes ingresados en servicios de medicina interna, la SEMI puso en marcha en 21 hospitales de España el Registro Clínico Nacional sobre Alcohol, reclutando en poco tiempo a más de mil personas.

 

En los últimos años se ha producido un notable aumento de las enfermedades importadas, es decir, aquellas que se adquieren en lugares en los que son frecuentes, pero que se tratan en España, donde están poco extendidas.

 

Las principales causas de este incremento son los viajeros internacionales y los inmigrantes, que suponen ya un 10% del total de la población, ya que esporádicamente viajan a sus países de origen para visitar a sus familias; si bien según el doctor Ricardo Fernández, presidente de la Sociedad Gallega de Medicina Interna, “es un tremendo error estigmatizar y relacionar enfermedades infecciosas con inmigración”.

 

Las patologías de este tipo que se observan en los centros de salud son principalmente respiratorias, aunque también se dan casos, en un porcentaje inferior, de tuberculosis, sida, sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual. De hecho, una de cada tres personas que el año pasado contrajeron el sida en España eran inmigrantes. Y todavía es más preocupante que en la mayoría de los casos el diagnóstico fue tardío, lo que comportó verdaderos problemas sanitarios. Ricardo Fernández cree por ello que es necesario que el Plan Nacional contra el sida lance una campaña de prevención destinada a estos grupos minoritarios y siempre teniendo en cuenta que “la educación para la salud es el mejor método para evitar la propagación de enfermedades de transmisión sexual”.

 

En cuanto a las patologías más exóticas, como el paludismo o la malaria, su transmisión es más difícil porque el ecosistema no es el idóneo para su propagación, y las enfermedades parasitarias también poco frecuente, tienen poco impacto y sólo necesitan la atención del especialista.

 

 

 

Fuente: laopinioncoruna.es

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Hace dos años atrás, el doctor responsable de la investigación de la Universidad de Minessota, Estados Unidos,  Stephen Brimijoin, tenía entre sus manos una rata a punto de morir de sobredosis de cocaína. Fue entonces que su asistente, Yang Gao, inyectó en el animal un compuesto experimental vía intravenosa. Segundos después, el roedor se levantó, cesaron las convulsiones y sobrevivió.

 

Ante este suceso, los científicos siguieron estudiando las propiedades de este componente no sólo para el tratamiento de sobredosis, sino también para la rehabilitación de los adictos.

 

Hasta la fecha, todos los esfuerzos por bloquear la droga se orientaban en reestablecer el balance natural de dopamina en el cerebro. Pero Brimijoin optó por enfocarse en una enzima natural, presente en la sangre, capaz de transformar el veneno presente en algunas plantas, incluyendo la cocaína, en sustancias inocuas.

 

El primer paso fue modificar dicha enzima, desmontándola hasta su estructura atómica, reordenando sus componentes y su forma tridimensional. De esta forma, crearon un nuevo compuesto “comedor de cocaína” mucho más poderoso, denominado CocH (siglas de cocaína hidrolasa), capaz de actuar hasta mil veces más rápido.

 

Lo que permitió al doctor Brimijoin entender mejor el potencial del tratamiento fue descubrir que las moléculas de cocaína no se adhieren tan fuertemente al cerebro, sino que vibran a un ritmo rápido. De esta forma, las moléculas de droga presentes en las membranas de la rata fueron replegadas hacia el torrente sanguíneo y posteriormente eliminadas.

 

Una vez comprobada (en trece ratas), la efectividad de esta sustancia para encarar la sobredosis, el equipo se enfocó en el tratamiento de la adicción. Para ello, se basaron en un modelo conductual que postula que los roedores que han aprendido a presionar palancas para poder obtener la droga dejarán de hacerlo si se les quita de manera forzada la sustancia. Sin embargo, al ser expuestos nuevamente volverán a mover éstas como una forma de venganza.

 

Este comportamiento es similar al de los adictos que, tras largos períodos de abstinencia, sucumben ante la más mínima tentación. La sorpresa, fue descubrir que la enzima CocH abolió por completo el comportamiento proclive a la recaída en los animales de laboratorio.

 

El médico psiquiatra, especialista en adicciones, José Antonio Arias (Presidente de la Asociación Paraguaya de Psiquiatría de la Infancia y Adolescencia), asevera que la cocaína es una de las drogas más adictivas. Al ser consumida se produce una liberación importante de un neurotransmisor llamado dopamina que a su vez, actúa en algunos centros cerebrales que se relacionan con el placer, provocando una sensación de “bienestar” y euforia, de ahí su fuerte componente adictivo que afecta la conducta.

 

 

Fuente: lanacion.com.py

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Puede que una copita de vino en las comidas sea beneficiosa para el corazón pero está claro que el abuso de las bebidas alcohólicas es perjudicial. El último descubrimiento, descrito en las páginas de la revista “Archives of Neurology”, es que su ingesta continuada encoge el encéfalo más rápido de lo normal.

 

Por más que uno lleve una vida sana el paso del tiempo es inexorable, así como sus consecuencias sobre nuestro organismo. Una de ellas, que ni el “Brain Training” puede evitar, es la pérdida de volumen cerebral, que disminuye un 1,9% cada década, según las estimaciones de los expertos. Junto a la atrofia, aparece un creciente número de lesiones en la sustancia blanca encefálica. Las personas que padecen ciertos problemas, como las demencias, suelen acusar más ambos fenómenos.

 

Con la literatura médica en la mano, Carol Ann Paul y sus colegas del programa de neurociencia del Wellesley College de Massachusetts (Estados Unidos) pensaron que tal vez el alcohol, igual que sucede con el corazón, pudiera proteger al cerebro en determinadas circunstancias y frenar la atrofia que conlleva cumplir años.

 

Tomaron a 1.839 participantes de uno de los mayores estudios de todos los tiempos, el Framingham, y los sometieron a lo largo de tres décadas a siete resonancias magnéticas (para medir su volumen cerebral y las cicatrices en la sustancia blanca). Estos hombres y mujeres, que tenían entre 33 y 88 años, fueron clasificados en cinco grupos en función de su ingesta de bebidas alcohólicas. La mayor parte tenía un bajo consumo y los grandes bebedores eran preferentemente hombres.

 

Después de ajustar los datos obtenidos en el escáner a factores que podían interferir en el resultado (edad, índice de masa corporal, educación, etc.) “los consumidores moderados tenían un volumen encefálico significativamente más pequeño que los ex-bebedores”, señala este trabajo, “y los participantes que tomaban más de 14 bebidas a la semana lo tenían menor que todos los demás”.

 

Es decir, no sólo “no se detectó ningún efecto beneficioso del alcohol” a la hora de reducir el ritmo de atrofia cerebral natural, sino que su ingesta se asoció con cerebros de menor volumen, recalcan los investigadores.

 

Las más perjudicadas por este efecto “colateral” de las bebidas graduadas fueron las mujeres, en las que era más patente esa aceleración de la disminución del tamaño del encéfalo. Esta particularidad femenina podría explicarse, según Paul, por la diferente forma en que hombres y mujeres metabolizan y toleran el alcohol.

 

Estos resultados deberán comprobarse en otros ensayos, en los que además podrá determinarse si la atrofia descrita está relacionada con alguna alteración funcional. A pesar de todo, los autores creen que este estudio “muestra un claro mensaje acerca de los posibles daños que puede provocar beber alcohol”.

 

 

Fuente: El Mundo

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La adicción a la cocaína se asocia a anomalías en el grosor de la corteza cerebral en áreas responsables de la atención y la toma de decisiones basadas en la recompensa, algo que podría reflejar tanto la predisposición como los efectos de la exposición a las drogas, según un estudio del Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos) que se publica en “Neuron”.

 

Técnicas de imagen revelan anomalías en la corteza cerebral de individuos adictos a la cocaína. Aunque algunas de estas alteraciones podrían reflejar una vulnerabilidad innata al consumo de drogas, otras parecen ser el resultado de una exposición a la cocaína a largo plazo.

 

Según explica el Dr. Hans Breiter, director del estudio, “los datos también sugieren que una característica clave de la adicción, la reducción en la variedad de actividades en las que participan los adictos, tiene una firma neural en la forma de un menor grosor cortical en las regiones frontales del cerebro”.

 

Se sabe que los adictos realizan juicios y toman decisiones de forma diferente, pero no se conoce bien cómo se relacionan estas diferencias con las alteraciones estructurales en el cerebro, en particular con cambios en la corteza, el área que se encarga de la planificación, ejecución y control de la conducta.

 

Los investigadores realizaron estudios utilizando resonancia magnética en 20 individuos adictos a la cocaína y 20 controles cuidadosamente escogidos para investigar las variaciones en el grosor del córtex. Aunque el espesor de la corteza puede variar ampliamente entre los individuos sanos de edad y antecedentes similares, el volumen total del cerebro suele ser uniforme.

 

En comparación con los controles sanos, los adictos a la cocaína tenían un volumen cortical global menor, en particular en áreas que regulan el funcionamiento de las recompensas y participan en la toma de decisiones. La marcada delgadez cortical de estas áreas no se veía compensada por aumentos en otras regiones del cerebro.

 

Además, los científicos señalan que aunque la corteza de algunas regiones frontales es típicamente más gruesa en el hemisferio derecho que en el izquierdo, esta relación era inversa en los adictos a la droga. En todo el cerebro, los adictos tenían una variación mucho menor en el espesor cortical que los controles sanos.

 

 

Fuente: JANO.es

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