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Pareciera que todos los esfuerzos de los Jonas Bros., Selena Gomez y Demi Lovato por dar un buen ejemplo a los adolescentes no es suficiente, pues a ellos les gustan más los chicos malos. Un estudio reveló que los teens que han probado el tabaco consideran más atractivos a los actores que fuman.

 

Los adolescentes que ya han probado el tabaco consideran más atractivos a los personajes de cine que fuman que los chicos que no lo han hecho, según un estudio publicado en el último número de la revista estadounidense “Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine”.

 

Tras estudiar las reacciones en los adolescentes al observar a la protagonista de un tráiler fumando, los investigadores descubrieron que las percepciones eran diferentes en función de que los alumnos hubieran probado el tabaco o no hubieran fumado nunca.

 

El experimento contempló a jóvenes entre 10 y 18 años divididos en dos grupos: fumadores y no fumadores. Ambos vieron un video donde una actriz fumaba.

 

Tras ver los vídeos, los adolescentes calificaron en una escala de adjetivos opuestos, tales como sexy-no sexy o guapa-fea, el personaje de la actriz.

 

Los adolescentes que vieron el tráiler sin imágenes de tabaco tuvieron percepciones similares de la protagonista. Sin embargo, en el caso del vídeo en el que la actriz fumaba, los chicos que habían probado en alguna ocasión los cigarrillos la consideraron “significativamente” más atractiva que los no fumadores. “Incluso el hecho de que un personaje fume de forma irrelevante en un corto tráiler de película puede reforzar o aumentar el atractivo de los fumadores en los adolescentes que ya han probado los primeros cigarrillos”, explica el responsable de la investigación, Reiner Hanewinkel.

 

El científico asegura, tal y como hacen diversos estudios sobre esta materia, que el tabaco envía un “potente y tentador mensaje” al espectador adolescente desde el cine y la televisión.

 

Hanewinkel dijo que los directores y actores de cine utilizan el tabaco para proteger rasgos como la rebeldía, la dureza y el erotismo, unos “mensajes estereotipados que son bien recibidos por los adolescentes”.

 

El investigador afirmaron que la aparición del tabaco en cine y televisión puede contribuir a la progresión del hábito de fumar en los adolescentes.

 

Fuente: univision.com  /EFE

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Un equipo del Instituto de Terapia e Investigación de la Salud de Alemania llegó a esta conclusión tras estudiar las reacciones en los adolescentes al observar que la protagonista de un tráiler es fumadora.

 

Los investigadores descubrieron que las percepciones eran diferentes en función de que los alumnos hubieran probado el tabaco o no hubieran fumado nunca.

 

El experimento consistió en dividir a 1.051 alumnos alemanes de entre 10 y 18 años (de los que el 59 por ciento no había probado el tabaco) en dos grupos.

 

Uno de los grupos visionó un tráiler de 42 segundos en el que la protagonista, una famosa actriz germana, no fumaba y el otro hizo lo propio con un tráiler igual salvo porque la actriz fumaba durante tres segundos, en soledad y con una actitud relajada.

 

Tras ver los vídeos, los adolescentes calificaron en una escala de adjetivos opuestos, tales como sexy-no sexy o guapa-fea, el personaje de la actriz.

 

Además, se tuvieron en cuenta en los adolescentes las variables de sexo, edad, deseo de buscar nuevas sensaciones, rebeldía y el tener conocidos fumadores.

 

Los adolescentes que vieron el tráiler sin imágenes de tabaco tuvieron percepciones similares de la protagonista.

 

Sin embargo, en el caso del vídeo en el que la actriz fumaba, los chicos que habían probado en alguna ocasión los cigarrillos la consideraron “significativamente” más atractiva que los no fumadores.

 

“Incluso el hecho de que un personaje fume de forma irrelevante en un corto tráiler de película puede reforzar o aumentar el atractivo de los fumadores en los adolescentes que ya han probado los primeros cigarrillos”, explica el responsable de la investigación, Reiner Hanewinkel.

 

El científico asegura, tal y como hacen diversos estudios sobre esta materia, que el tabaco envía un “potente y tentador mensaje” al espectador adolescente desde el cine y la televisión y que en los grandes éxitos de taquilla producidos en Hollywood es frecuente ver a personajes fumadores.

 

Hanewinkel indica que los directores y actores de cine utilizan el tabaco para proteger rasgos como la rebeldía, la dureza y el erotismo, unos “mensajes estereotipados que son bien recibidos por los adolescentes”.

 

El investigador afirma que la aparición del tabaco en cine y televisión puede contribuir a la progresión del hábito de fumar en los adolescentes.

 

 

Fuente: Terra Actualidad – EFE

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Desde las imágenes en las que el legendario James Dean sostenía con poderosa rebeldía un pitillo tras otro, o la glamurosa pose con que Joan Crawford encendía sus cigarrillos, las concepciones sociales del tabaco han cambiado mucho. La industria del cine ha justificado durante años el halo de humo que tiñe muchas de sus películas clásicas como un dispositivo artístico y cultural del momento. Sin embargo, un estudio publicado en el ‘British Medical Journal’ asegura que las industrias tabaqueras pagaron millones de dólares a las estrellas de Hollywood a cambio de promocionar sus marcas.

 

Un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California (Estados Unidos), ha analizado los datos que vinculan el tabaquismo y la industria cinematográfica a partir de los documentos internos recopilados por la institución académica y la Legacy Tobacco Documents Library, entre otros.

 

Entre los datos analizados se encuentran los contratos acordados por las principales marcas tabaqueras y algunas estrellas de la gran pantalla, así como los acuerdos contraídos con los estudios de la meca del cine a cambio de apoyar sus productos. También han estudiado anuncios extraídos de diversos periódicos y grabaciones radiofónicas de la época.

 

La investigación, que cubre el periodo de 1927 a 1951, detecta ya la atmósfera humeante del tabaco en el cine mudo, pero asegura que la explosión publicitaria de los actores del momento llegó con el cine sonoro. “Dos tercios de las 50 estrellas más importantes de Hollywood de finales de los años 30 y la década de los 40 anunciaron numerosas marcas de tabaco” y, tal y como recoge el estudio, llegaban a ganar hasta 5.000 dólares por cabeza al año, lo equivalente unos 75.000 dólares actuales (más de 51.000 euros) .

 

Según los expertos californianos, American Tobacco pagó a los actores que promovieron los cigarrillos ‘Lucky Strike’ unos 218.750 dólares a finales de los años treinta, que equivalen a 3,2 millones de dólares de dinero actual.

 

Asimismo, Ligget&Myers gastó en 1946 el equivalente a 50 millones de dólares actuales en anuncios de Hollywood, más que todos los fondos invertidos para que los estudios Paramount, 20th Century Fox, Warner Bros y Columbia Pictures publicitasen sus marcas.

 

 

Los autores señalan, además, que los beneficios de las tabaqueras se multiplicaban cuando uno de sus actores anunciantes aparecía fumando en una escena, ya que los espectadores asimilaban que se trataba de la misma marca que las estrellas decían fumar en las piezas publicitarias.

 

Nuevos mercados de fumadores

Se trataba de los años en los que las principales compañías tabaqueras intentaban ampliar su mercado captando al público femenino. De ahí, la asiduidad de actrices fumadoras como Lauren Bacall, o Betty Davis en la gran pantalla. Sin desplazar la promoción encubierta de baluartes de virilidad como Gary Cooper, John Wayne, Clark Gable o Spencer Tracey.

 

El estudio, titulado ‘El gran tabaquismo de Hollywood, 1927-1951’, recoge frases publicitarias como “los Chesterfield son tan suaves y dejan un gusto tan fresco y limpio en mi boca…”, puesta en boca de Kirk Douglas, o la frase de la diva Alice Brady, que decía: “Fumo Lucky Strike no sólo porque protege mi voz, sino porque me proporciona el más genuino placer”.

 

Las estrategias de las tabaqueras, a su vez, reportaban cuantiosos beneficios a los estudios a los que las estrellas de cine estaban vinculadas, proporcionándoles “publicidad nacional”, a través de la difusión de estos anuncios en diarios y emisoras de radio. Los estudios que más se beneficiaron fueron Paramount y Warner Bros, con la promoción de Lucky Strike (de la empresa American Tobacco) en los años treinta, y de Chesterfield (de la compañía Ligget & Myers) en los años cuarenta.

 

Falta de regulación efectiva

La Comisión Federal de Comercio protagonizó varios intentos de sanción a las compañías que usaban estos medios para promocionar el tabaco. En 1929, la FTC, según sus siglas en inglés, falló en contra de la industria American Tobacco por la difusión de unos eslóganes “falsos en numerosos aspectos”, tal y como comentan los autores del estudio.

 

La Comisión dictaminó incluso la prohibición del uso de declaraciones de actores a favor de los cigarrillos de la tabaquera, a menos que las estrellas las pusieran por escrito y aportaran opiniones “auténticas, autorizadas e imparciales”. Esto no sólo favoreció la permanencia de este tipo de reclamos publicitarios, sino que las pruebas examinadas por los investigadores muestran que los estudios de Hollywood se aprovecharon de los contratos para ejercer un control sobre sus estrellas, hasta el punto de negociar sus testimonios en las campañas.

 

Hoy en día, el tabaco sigue formando parte del reparto de muchas películas, pese a los numerosos esfuerzos por regular la aparición del mismo en determinados contenidos. “Nuestro trabajo pretende reforzar la lucha para que los cigarrillos dejen de formar parte de los filmes destinados al público adolescente”, afirman los autores, un factor que está reconocido como un agravante para la iniciación del tabaquismo.

 

Desmontar el mito del fumador clásico artístico del cine americano contribuye a dilucidar las tramas mercantiles de las tabaqueras. Asimismo, “desincentivar a la industria del cine podría ser una solución para terminar con la asociación histórica entre el séptimo arte y los cigarrillos”, sentencia el estudio, lo que plantea a la gran pantalla el reto de predicar con el ejemplo.

 

Fuente: El Mundo

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La Fundación para el Estudio, Prevención y Asistencia a las Drogodependencias (FEPAD) y la Fundación por la Justicia han puesto en marcha el Taller de Cine ‘Jóvenes y Drogodependencias’, con el objetivo de “sensibilizar y prevenir” sobre el consumo de drogas a los adolescentes a través de proyectos cinematrográficos elaborados por 35 alumnos de siete centros de bachillerato de la Comunitat Valenciana.

 

Al respecto, la directora general de Drogodependencias y vicepresidenta de la FEPAD, Sofía Tomás, resaltó que con un presupuesto de 30.000 euros para cubrir las necesidades técnicas y de personal, “se acomete una iniciativa atractiva y con expectativas de futuro para los estudiantes puesto que les permite desarrollar una labor de sensibilización y de divulgación de la prevención mientras cultivan su potencial artístico y creativo”.

 

El taller se constituye como un instrumento de formación complementario para los jóvenes, ya que no sólo los instruye en el ámbito académico sino también lo hace “a nivel personal lo que contribuye a la existencia de generaciones más sanas conscientes de la problemática que genera esta lacra social”, apuntó Tomás.

 

Sobre la actividad, “que se lleva a cabo con miras a una sociedad que consuma salud y bienestar”, la directora explicó que abarca las drogodependencias en diversos campos como la familia, el ocio, la publicidad y moda, entre otros, y posibilita además conocer la relación entre drogas y violencia así como las secuelas por el uso de sustancias adictivas. Asimismo, Tomás subrayó que “las propuestas de estos cineastas noveles, que cuentan con el soporte de un coordinador, tres tutores profesionales del medio audiovisual y los derechos humanos y otros expertos, contribuirán a disociar la tan tópica pero poco acertada asociación joven-drogas”.

 

Para Tomás, la prevención en la juventud “es uno de los pilares sobre los que se articulan las acciones de la FEPAD dirigidas a evitar que la droga entre en la vida de uno de los sectores de la población más prometedor, pero se está incidiendo en otros que han tenido menos repercusión pública y donde el problema es ya una realidad”.

 

Finalmente, la directora general de drogodependencias hizo hincapié en que “con esta tarea se pretende que los jóvenes editen un corto sobre prevención de drogas utilizando su propio lenguaje y aportando un mensaje muy importante para la realización de actividades preventivas en el aula con una visión quizás menos académica pero más ilustrativa”.

 

Fuente: Europa Press

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La guerra de Vietnam terminó de dinamitar los tabúes en torno al cannabis. Películas de blaxploitation como Shaft y Superfly reflejaban los nuevos comportamientos de los barrios de Estados Unidos. La caída del franquismo en España también propició la apertura del cine al costo, que era lo que se fumaba por estas latitudes. Pero el episodio más delirante en la historia del cine cannábico corresponde a las películas de Cheech y Chong, unos Pajares y Esteso en versión colgada que entre 1978 y 1983 crearon un subgénero propio. Películas de calidad ínfima con títulos vergonzantes -atentos a las traducciones al español: ¡Cómo flotas, tío! y Seguimos fumando, por citar dos- y bromas más bien cutres relacionadas con porros gigantes, densas nubes de humo, bongs (las pipas de agua) y toda la parafernalia de este mundo. Aunque la broma se agotó rápido, Martin Scorsese les fichó para ¡Jo, que noche! (1985).

 

A partir de aquí, el desmadre. Lo que antes era un gueto cinematográfico (había que estar muy drogado para tolerar la mayoría del cine cannábico) fue abriéndose y el consumo empezó a mostrarse como algo natural. Es significativa la escena de Algo pasa con Mary en la que Ben Stiller y Cameron Diaz se están fumando un porro como si tal cosa y sin que ello sea motivo para bromas sobre flipes.

 

Pero si hay una película de cabecera para el porrero, ésa es El Gran Lebowski (1998), dirigida por los hermanos Coen y protagonizada por Jeff Bridges. Su protagonista, El Nota, echa mano de la «hierba del demonio» para salir de los embrollos y de conversaciones trascendentes como ésta:

 

-¿Qué es lo que nos hace hombres, señor Lebowski?

-¿Eh? Pues no lo sé, señor.

-¿Quizá la capacidad de hacer sea lo que sea, cueste lo que cueste?

-Eso y un par de testículos. ¿Le importa que me fume un peta?

 

Friday (protagonizada por el rapero Ice Cube) y Buen rollito (duelo interpretativo entre los también raperos Method Man y Redman) se centraron en los hábitos fumetas de la comunidad negra. Por otra parte, la marihuana ha sido un combustible utilizado en las películas que querían hacer un retrato descarnado de la sociedad estadounidense. Pasó con la oscarizada American beauty, donde un joven camello (Wes Bentley) redime a un maduro desengañado (Kevin Spacey), un argumento bastante similar a The Wackness.

Pasó también con Kids, retrato sexual y tóxico de la juventud de Nueva Cork filmado por Larry Clark.

 

También en Europa han germinado las semillas de este cine. Saving Grace (estrenada en España en 2000 como El jardín de la alegría) cuenta con un argumento sospechosamente parecido al que luego emplearía Weeds: una viuda decide plantar marihuana para tapar los agujerillos de la pensión. Y cuando parece que el cine cannábico está a punto de consumirse, llegan Harold y Kumar -los Cheech y Chong redivivos- con su saga (una vez más, hay que darle las gracias a los traductores de títulos de películas estadounidenses). Dos colgaos muy fumaos. Hay hierba para rato, pues.

 

EN ESPAÑA TAMBIÉN SE FUMA

 

Hay quien sostiene que el verdadero introductor del cannabis en España fue Francisco Franco. Hasta que sus soldados marroquíes no trajeron su hachís, la costumbre de fumar ‘kif’ era exclusiva de unos pocos intelectuales, como Valle-Inclán.

 

Sea como fuere, el cine cannábico en España siguió una evolución parecida al de Estados Unidos. Primero, con inquietud moralizante, como las ‘guantás’ que le arrea Paco Martínez Soria a su nieto en ‘Abuelo made in spain’. Luego, con una serie de títulos a medio camino entre la denuncia y la apología, como ‘El último viaje’ (1974), de José Antonio de la Loma, y ‘Juventud drogada’ (1977), de José Truchado. Y, finalmente, la explosión con las películas ‘quinquis’ de El Torete, adláteres e imitadores: ‘Perros callejeros’ (1977), ‘Perros callejeros II’ (1978) y ‘Los últimos golpes de El Torete’ (1980), todas ellas de De la Loma, más las aportaciones de Eloy de la Iglesia, como ‘Navajeros’. En ellas, la ‘hierba’ de los negros era sustituida por ‘costo güeno’. No conducían ‘dodges’, sino ‘simcas’. Y por sus altavoces no salía música ‘funk’, sino la rumba gitana de Los Chunguitos y Los Chichos. También hubo un subgénero cuartelario (la ‘mili’, origen de tantas adicciones), representada por ‘La quinta del porro’ y ‘La batalla del porro’.

 

Recientemente se estrenó ‘Año mariano’ (2000), pero el emblema español del género es ‘Bajarse al moro’ (1988), adaptación de la obra teatral de José Luis Alonso de Santos por Fernando Colomo. Antonio Banderas, Verónica Forqué, Juan Echanove y Aitana Sánchez-Gijón protagonizaron esta comedia sobre un grupo de jóvenes ‘fumetas’ madrileños.

 

Fuente: El Mundo (Por Darío Prieto)

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Primero fue una pequeña calada, en los albores de la contracultura beatnik y el primer cine hippie. Luego vino una bocanada mayor, cuando llegaron a las pantallas la blaxploitation (producciones hechas para los negros de Estados Unidos) y los retratos de la sordidez drogota. Finalmente, la humareda ha sido tal que las referencias cinematográficas al cannabis se han colado por las rendijas de las producciones de Hollwood, incluidos los productos más o menos familiares. Así, en estos momentos, coinciden en las pantallas de Estados Unidos dos películas con fuerte olor a canuto: Pineapple express, una comedia criminal protagonizada por un fumeta y su camello, y The Wackness, con Ben Kingsley haciendo de psicoanalista emporrao.

 

Ambas películas, que llegarán a España a finales de año, demuestran cómo lo que antes era un tema tabú, acaso motivo de mensajes moralistas, es hoy algo habitual. Se puede hablar de un cine hecho por y para fumados, sin que ello suponga un delito por apología del consumo de drogas.

Incluso un medio tan mojigato como la televisión ha visto el filón y lo explota a través de productos como la serie Weeds, estrenada con relativo éxito en 2005, que cuenta la historia de un ama de casa que vende marihuana para pagar las facturas.

 

Pero no hay que dejarse cegar por el humo. Para conocer los orígenes de todo este fenómeno es necesario volver muchas décadas atrás. Una buena brújula podría ser el documental Grass (Marihuana, 1999), que recorre la historia de la prohibición de la hierba desde un punto de vista desenfadado, con profusión de colores chillones y la voz arrastrada de Woody Harrelson, ferviente defensor de la despenalización de esta droga (se sospecha también que su padre fue un matón a sueldo de uno de los principales clanes de tráfico de marihuana en América). La película cuenta y muestra cómo Louis Armstrong y Cab Calloway se ponían bastante y hasta le dedicaban canciones al tema,

como el clásico de Calloway Reefer man (El hombre del canuto).

 

Pero llegó la Depresión del 29 y, con ella, la Ley Seca. La marihuana se convirtió en un sustituto del alcohol. Al mismo tiempo, creció la tensión hacia los inmigrantes mexicanos, principales consumidores de la sustancia. Y, para completar la jugada, apareció en escena William Randolph Hearst -el hombre que inspiró Ciudadano Kane, propietario de varios periódicos y con intereses económicos en las plantas productoras de papel a partir de la celulosa de los árboles-, preocupado por las posibilidades del cannabis como fuente alternativa de papel.

 

El caso es que la marihuana empezó a ser criminalizada. Y para ello se utilizó una de las herramientas más poderosas de la época, el cine. A través de docudramas de títulos como La locura del porro, La hierba del diablo o El asesino de la juventud se intentó convencer al público que el cannabis despertaba la violencia, empujaba a la prostitución y estimulaba las poluciones nocturnas.

 

La marihuana fue prohibida en Estados Unidos en 1937, pero no pasaron ni 30 años antes de que los jóvenes levantiscos empezasen a esgrimir sus porros como armas contestatarias. En este sentido, uno de los títulos emblemáticos es Easy Rider, canto de cisne del hippismo. Dirigida y protagonizada por Dennis Hopper en 1969, la película sigue al propio Hopper arreglando el mundo junto a unos fumadísimos Jack Nicholson y Peter Fonda. También la anda sonora acompaña, sobre todo con el tema de Fraternity of Man Don’t  bogart me y su estribillo: «No te hinques el canuto, amigo. / Pásamelo./ Y líate otro, / que sea como el de antes».

 

Fuente: El Mundo (Por Darío Prieto)

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