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Fumar marihuana se ha vuelto aún más popular entre los adolescentes estadounidenses, quienes en cambio prefieren consumir menos cigarrillos, metanfetaminas o alcohol, según un estudio nacional entre alumnos de octavo a duodécimo grados difundido el lunes por el director antidrogas de la Casa Blanca, Gil Kerlikowske.

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Según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) que se ha presentado en la reunión anual de la Asociación Americana de Investigación del Cáncer (AACR) que se está celebrando en Denver (Estados Unidos), una prueba de orina podría indicar el riesgo de cáncer de pulmón en los fumadores. Es más; de acuerdo con las conclusiones del trabajo, los autores podrían haber incluso desvelado por qué el cáncer de pulmón afecta a algunos fumadores y a otros no.

 

En palabras del Dr. Jian-Min Yuan, coautor del estudio, “un historial de tabaquismo siempre se ha considerado un indicador del cáncer de pulmón, pero esto no es muy exacto en realidad. El tabaquismo aumenta el riesgo, pero la cuestión es por qué afecta a algunas personas y a otras no”.

 

Los autores plantearon como hipótesis que la presencia del metabolito NNAL en la orina de los pacientes podría predecir el riesgo de cáncer de pulmón. Este metabolito induce el cáncer de pulmón en animales de laboratorio, aunque aún no se ha estudiado su efecto en humanos.

 

Para ello, los investigadores recopilaron datos de 18.244 hombres del Estudio de Cohorte de Shanghai y 63.257 hombres y mujeres del Estudio de Salud China en Singapur. Además realizaron entrevistas personales para evaluar los niveles de tabaquismo, la dieta y otros factores del estilo de vida y recogieron muestras de sangre y orina de más de 50.000 pacientes.

 

Para evaluar el impacto de NNAL, los investigadores identificaron a 246 fumadores que habían desarrollado cáncer de pulmón a posteriori y a 245 fumadores que no pasaron por la enfermedad durante los 10 años siguientes a la entrevista inicial y a la recogida de muestras de orina.

 

Los niveles de NNAL en la orina se dividieron en tres grupos. En comparación con aquellos con los niveles más bajos, los pacientes con un nivel medio de NNAL tenían un 43% más de riesgo de cáncer de pulmón, mientras que los que tenían los niveles más elevados tenían dos veces más riesgo de cáncer de pulmón después de tener en cuenta el efecto del número de cigarrillos al día, los años de tabaquismo y los niveles de cotinina –metabolito de la nicotina– en la orina.

 

Los niveles de nicotina en la orina también se tuvieron en cuenta. Aquellos con los niveles más elevados de nicotina y NNAL tenían 8,5 veces más riesgo de cáncer de pulmón en comparación con los fumadores que tenían los niveles más bajos después de tener en cuenta los antecedentes de tabaquismo.

 

Como concluye el Dr. Yuan, “el tabaquismo conduce al cáncer de pulmón, pero existen alrededor de 60 posibles carcinógenos en el humo del tabaco y la exactitud con la que identifiquemos a los componentes responsables posibilitará una predicción mejor de los riesgos”.

 

 

Fuente: JANO.es

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Úlceras cutáneas, picores, ampollas, urticaria, eritemas, verrugas en la mucosa nasal… Todas estas alteraciones de la piel pueden desencadenarse por culpa del consumo adictivo de la cocaína. Si un paciente presenta lesiones dérmicas crónicas y muestra un comportamiento extraño y delirante, sería conveniente realizar un test de drogas para confirmar si el consumo de esta droga es la causa, según recomienda un artículo publicado en la revista “Journal of the American Academy of Dermatology”. “No obstante, también deben excluirse completamente otros desencadenantes de dichas manifestaciones cutáneas, incluso cuando se encuentren sustancias ilícitas durante las pruebas, ya que un test positivo de drogas no siempre indica el origen de las lesiones”, advierten los autores del artículo, realizado en la Clínica Mayo, en Minnesota (EEUU). Desde el punto de vista social, “droga es cualquier sustancia psicoactiva que se utiliza fuera de la legalidad, con una intensa acción reforzante positiva, pero con un efecto dañino a la larga sobre la salud física o psíquica”, afirma Elena González-Guerra, dermatóloga de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid. Más allá de los efectos psíquicos (alucinaciones e ilusiones), sus implicaciones en la salud (accidentes cerebro vasculares, infarto agudo de miocardio, crisis hipertensiva) también se extienden a la piel. Mercé Alsina, del servicio de Dermatología del Hospital Clínic de Barcelona, explica que “el uso de la cocaína puede originar manifestaciones dermatológicas, como pseudovasculitis, urticaria, vasculitis de Churg-Strauss, el fenómeno de Raynaud, púrpura palpable, pustulosis exantemática generalizada aguda…”. Nombres comúnmente desconocidos para identificar diferentes alteraciones cutáneas que, en muchos casos, están asociadas al consumo de cocaína. “Hay otras como las malformaciones de las manos en forma de pico de loro y la curvatura de las uñas, pero no siempre aparecen en todos los consumidores crónicos”, añade la doctora Alsina. La afectación cutánea es más frecuente en las drogas que se administran por vía parenteral (inyectadas). Tanto los abscesos como la celulitis aparecen en un 22% a 65% de los adictos a drogas que se administran de esta forma”, comenta González-Guerra, quien añade que, además, en los consumidores de cocaína existe mayor frecuencia de dermatitis seborreica y lesiones de hiperqueratosis en los dedos de las manos y en las palmas (la capa externa de la piel se engrosa y se vuelve dura y rugosa). El artículo de la revista de la Academia Americana de Dermatología recoge dos casos clínicos que demuestran la asociación entre el consumo de cocaína y las manifestaciones dermatológicas. Una mujer de 37 años presentaba lesiones rojas en los brazos que se fueron extendiendo a las piernas y el tronco. Lo que en un principio parecía sarna (la paciente no respondía al tratamiento correspondiente), finalmente resultó ser una consecuencia del consumo de cocaína, tal y como confirmaba el test de orina. “Presentaba pápulas eritematosas escoriadas, algunas con costras en la tibia, muslos y antebrazos. También tenía caries y una pérdida de peso significativa”, explican los autores en el artículo. Tres meses antes, su marido, de 39 años, también acudió al médico por una erupción cutánea pruriginosa que comenzó en los brazos. Más tarde, estas erupciones se convirtieron en pápulas eritematosas en los brazos, las piernas, la parte anterior del brazo y los glúteos. El resultado del test de orina también dio positivo en cocaína. Precisamente porque estos casos no son muy habituales, ante tales señales, si, además, “el paciente muestra un comportamiento extraño, con signos de delirio u otras condiciones psiquiátricas, es conveniente realizar pruebas de detección de drogas para identificar el consumo de cocaína como posible causa”, señala Jerry D. Brewer, uno de los autores del artículo. Ambos pacientes atribuían la causa de sus lesiones a unos “insectos” que creían haber visto saliendo de su piel. Es lo que se conoce como delirio parasitario, “la alteración psiquiátrica más frecuente asociada con el consumo de cocaína. Consiste en que los pacientes tienen la creencia falsa y fija de que están infectados por parásitos”, explica Elena de las Heras, dermatóloga del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Fuente: elmundo.es/elmundosalud Autor: Laura Tardón

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Acelera el ritmo cardiaco, eleva la presión arterial, daña los dientes y produce ansiedad, estrés e irritabilidad, entre otros muchos efectos secundarios. La metanfetamina, un estimulante sintético muy adictivo, es la segunda droga más consumida en el mundo (tras la marihuana), es responsable de 900 muertes prematuras cada año sólo en Estados Unidos y genera al sistema unos costes de más de 18.000 millones de euros anuales. Sin embargo, las campañas antidroga suelen olvidarla en sus mensajes.

 

Por ello, la Fundación RAND, con la colaboración de Meth Project Foundation (un organismo dedicado a reducir el consumo de metanfetamina) y el Instituto Nacional de Abuso de Drogas de EEUU, ha llevado a cabo el primer estudio que analiza los problemas creados por esta sustancia. Además de los daños físicos y psíquicos que sufre el consumidor, el documento ahonda también en los efectos colaterales que padecen las familias y el resto de la sociedad.

 

Según los datos de Naciones Unidas, el número de usuarios de metanfetamina (25 millones en el mundo) casi iguala al de los consumidores de cocaína y heroína juntos (28 millones) y su uso va en aumento en los países desarrollados. Las admisiones hospitalarias por problemas relacionados con el abuso de esta sustancia se han duplicado entre 2000 y 2005.

 

Conocida en la calle como “anfeta”, “tiza”, “cristal”, “meta” o “speed”, la metanfetamina puede tomarse inhalada, inyectada, fumada o por vía oral y sus efectos de euforia duran entre seis y ocho horas, aunque pueden prolongarse hasta las 12 horas. Su consumo preocupa a los expertos por su naturaleza adictiva y sus numerosos perjuicios para la salud: hipertensión, daños cardiovasculares, ataques y convulsiones e impacto negativo en los pulmones. Los efectos psicológicos incluyen ansiedad, pérdida de inhibición, más posibilidades de incurrir en comportamientos de riesgo y conducta violenta.

 

“Los datos obtenidos con nuestro estudio son realmente sorprendentes para una sustancia que ha recibido tan poca atención por parte de las autoridades”, indica Nancy Nicosia, principal autora del trabajo y economista.

 

En términos económicos, el documento estima que el consumo de metanfetamina le cuesta a EEUU unos 18.000 millones de euros al año, incluyendo los gastos generados por la adicción, las muertes prematuras, el tratamiento, la pérdida de productividad, los costes derivados por acciones criminales relacionados con la droga y otros costes derivados de su producción.

 

Las dos terceras partes de esa cantidad monetaria van destinadas a tratar los problemas médicos provocados por la adicción. Sin embargo, hay otros gastos. La conducta violenta a la que induce la metanfetamina, los delitos que se pueden cometer para conseguirla y los encarcelados por traficar con ésta y otras sustancias obligan a la justicia a desembolsar alrededor de 3.200 millones de euros.

 

El absentismo laboral y la pérdida de productividad cuestan al sistema otros 534 millones, mientras que 704 millones van a parar al cuidado de los niños que son alejados de sus padres por tener problemas con esta droga.

 

Y aunque todos estos costes son comunes a los que generan otras sustancias ilegales, la “meta” ocasiona un gasto único, que viene derivado de la dificultad para producirla. Las explosiones y los incendios pueden ser más o menos comunes durante el proceso de elaboración, lo que genera un gasto de 61 millones. Sin contar con las molestias causadas a los vecinos.

 

“El análisis muestra la necesidad de tomarse en serio el problema e invertir en programas de prevención centrados específicamente en esta sustancia”, concluye Tom Siebel, fundador y jefe de Meth Project.

 

 

Fuente: elmundo.es/elmundosalud

Autor: Isabel F. Lantigua

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Aunque para muchos padres no sea una sorpresa, un estudio acaba de demostrar que existe una relación directa entre las salidas nocturnas de los adolescentes y el consumo de marihuana. Tras analizar a más de 93.000 jóvenes de 15 años procedentes 31 países (entre ellos España), una investigación advierte de que los jóvenes que más a menudo salen con los amigos son también los que recurren a esta droga con más frecuencia.

 

La buena noticia es que el análisis demuestra que el consumo de cannabis ha descendido de manera generalizada en casi toda Europa entre 2002 y 2006; algo que atribuyen a que los adolescentes salen con menos frecuencia que antes. La razón, se atreven a apuntar, es que las redes sociales por Internet, los chats y los mensajes de texto a través del teléfono móvil están “recluyendo” a los adolescentes en casa más tiempo y supliendo a las relaciones cara a cara.

 

Y las cifras les dan la razón. El trabajo de Emmanuel Kuntsche y su equipo, de la universidad suiza de Lausanne, observó que el consumo de marihuana descendió en el periodo de estudio sobre todo en Inglaterra, Portugal, Suiza, Eslovenia y Canadá (con porcentajes superiores al 10%, tanto en chicos como en chicas); y algo menos en España, donde la encuesta revela un descenso del 7,7% en los varones y un 6% entre las jóvenes.

 

En paralelo, y según respondieron los propios adolescentes a través de una encuesta anónima repartida en los colegios, se redujeron las salidas con los amigos durante la semana (sobre todo en EEUU, Israel, Finlandia o Eslovenia). Aunque también en esto detectaron diferencias entre países. Así, mientras los portugueses no salen más que un día, españoles, estonios, escoceses, ucranianos y rusos encabezan la lista de los más “callejeros” con tres salidas semanales.

 

“Cuanto más salen, más habitual es que consuman cannabis”, señala Kuntshce en las páginas de la revista “Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine”. Eso quiere decir, explican, que los que salen menos tienen menos acceso a la droga o menos necesidad de autoafirmación delante del grupo.

 

Este aspecto social de la droga no ha sorprendido a los investigadores, pues como destacan en un editorial John Schulenberg y Patrick O”Malley, de la universidad de Michigan (en EEUU), algo similar les ocurre a muchos adultos con el alcohol, el tabaco y otras drogas.

 

Aunque, como ambos advierten, la solución no será tan fácil como limitar el tiempo de ocio de los adolescentes con sus amigos, sin ninguna figura autoritaria de por medio. De hecho, esta interferencia en sus actividades de grupo podría tener contraindicaciones, por lo que recomiendan algo “más complicado”: ayudarles a buscar actividades de grupo que no impliquen el fomento del consumo de cannabis.

 

La cuestión no es menor si se tiene en cuenta toda la retahíla de efectos secundarios asociados a la marihuana que no ha dejado de crecer en los últimos años. Accidentes de tráfico, depresión, problemas respiratorios crónicos, cáncer y otros problemas mentales son sólo algunos de los que menciona el artículo.

 

 

Fuente: elmundo.es/elmundosalud

Autor: María Valerio

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