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Posts Tagged ‘Impulsividad’


Son mayoritariamente chicos, de carácter impulsivo y agresivo, con depresión, ansiedad u otro tipo de psicopatología, que, además, abusan del alcohol u otras sustancias. Este es a grandes rasgos el perfil de los adolescentes que acaban quitándose la vida.

El suicidio es la tercera causa de muerte entre los chicos y chicas de entre 11 a 18 años en EEUU, “y estas cifras son similares en el resto de países, como también lo es el hecho de que sean más niños que niñas los que lo hacen. Por ejemplo, entre los 10 y los 14 años, ellos se suicidan tres veces más que ellas; entre los 15 y los 19, cinco veces más, y hasta 10 veces más en el caso de tener entre 20 y 24 años”, ha recordado David Shaffer, profesor de Psiquiatría y Pediatría de la Universidad de Columbia en Nueva York, durante el 8º Curso Internacional de Actualización en Psiquiatría Infanto-Juvenil que se ha celebrado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Shaffer, uno de los especialistas que más ha investigado sobre suicidio en adolescentes, reconoce que “los niños antes de alcanzar la pubertad saben cómo quitarse la vida pero es muy raro que lo hagan. Sin embargo, cuando alcanzan la adolescencia la ideación suicida es bastante más frecuente, como también lo es el que muchos se autolesionen”, aclara.

Cortarse, sobre todo en el brazo, es la forma más común de autolesión. “La intención no es morir, sino que lo hacen como una forma de liberar tensión y luego se sienten mejor. Muchos lo malinterpretan como intento suicida, pero no es así”, documenta el profesor estadounidense.

Las cifras que maneja el doctor Shaffer son escalofriantes. “El 15% de los jóvenes tiene ideas graves de suicidio y entre un 8% y un 10% ha intentado quitarse la vida”. Para este especialista, la identificación de los adolescentes y jóvenes con riesgo pasa, primero, por el chequeo de los problemas mentales.

“Sabemos que hasta el 68% de los chicos que tienen depresión no está recibiendo tratamiento y que el 80% de los que han hecho un intento de suicido no ha pasado por la consulta del médico. El chequeo sistemático tanto en los colegios como en las consultas de atención primaria ayuda a identificar no sólo a los que tienen patología sino también a los que poseen más posibilidades de quitarse la vida”, defiende.

Precisamente, el profesor Shaffer es el padre del llamado ‘TeenScreen Schools and Communities’ (Test de Adolescentes en Colegios y Comunidades). Este tipo de prueba informatizada se realiza en tan solo 10 minutos. En 35 de los 41 estados de Norteamérica con programas de prevención de suicidio la recomiendan.

Detecta especialmente los casos de depresión, ansiedad, abuso de alcohol y sustancias, pensamientos suicidas y comportamiento. No establece un diagnóstico, pero en el caso de que se intuya un problema se recomienda al alumno que mantenga una entrevista con un especialista. “Otra medida eficaz es formar a los profesores y a los padres para que identifiquen a los menores con más riesgo”, apunta.

Más datos característicos del suicidio en adolescentes son los que hacen referencia al carácter impulsivo de los niños con más tendencia a quitarse la vida, su falta de control de las emociones y la alta carga de estrés emocional que padecen. “Normalmente, hay siempre un factor precipitante en estos casos, igual que en la mayoría de las ocasiones se ocultan para hacerlo y no avisan a sus padres ni a nadie de sus intenciones. Es fundamental saber que estos chicos casi nunca comentan sus intentos suicidas a quienes les rodean”.

También se debe valorar el consumo excesivo de alcohol. “Dos tercios de los chicos de entre 17 y 19 años que se suicidan toman alcohol en exceso. Hay un dato muy significativo respecto a este hecho. Tanto tras la I Guerra Mundial como tras la II, momentos que coinciden con la ‘Ley seca’ y en el segundo caso con mayores restricciones respecto al uso de bebidas alcohólicas, nos encontramos con un descenso muy significativo de los casos de suicidio, tal y como sucedió con los años de lanzamiento del Prozac”, recuerda el experto de Columbia.

Proteger a los adolescentes del suicidio es saber, además, que los “ingresos en los hospitales tras un intento deben estar muy valorados, dado que el contacto con chicos de su edad que hayan intentado quitarse también la vida puede resultar perjudicial. Se dan ideas de cómo hacerlo”. Y todo sin olvidar la “responsabilidad de los medios de comunicación en la difusión de los casos. Cuando Marylin Monroe se quitó la vida, las muertes por suicidio en jóvenes elevaron”, sentencia Shaffer.

 

Fuente: El Mundo (Salud) / PATRICIA MATEY

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Un grupo de psicólogas de la Universidad de Almería, liderado por las doctoras Pilar Flores y Flor Zaldívar, acaban de concluir un estudio sobre el consumo de sustancias adictivas en jóvenes universitarios y la manifestación de conductas impulsivas en los mismos, tanto a nivel cognitivo como motor.

 

Según los datos arrojados por este proyecto, los consumidores habituales de cannabis y alcohol presentan mayor impulsividad que los no consumidores. Sin embargo, no se han evidenciado diferencias entre ambos grupos de consumidores, lo que lleva a pensar a estos expertos que “el consumo de sustancias, independientemente de su naturaleza, está relacionada con la impulsividad”. Este estudio, que se inició en octubre de 2006, fue impulsado por la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social con un incentivo total de 30.061 euros.

 

Con la intención de averiguar si el consumo recreativo de estas sustancias –alcohol y cannabis– afecta a la impulsividad de los jóvenes, se midió dicho comportamiento en tres subescalas: impulsividad motora, cognitiva e impulsividad no planificada. Para la consecución de este objetivo se tomó una muestra poblacional total de 575 alumnos, de los cuales, el 50,7% son mujeres y el 49,3% hombres, asignados a tres grupos en función de sus hábitos de consumo de drogas.

 

De los primeros muestreos realizados se ha observado que el 21,4% se corresponde con la categoría de consumidor habitual de cannabis, el 32,5% con el alcohol y el resto, un 34,6%, no consumen drogas de tipo. Asimismo, parece ser que el sexo supone una influencia en los hábitos de consumo, ya que un 62,5% de la muestra constituida únicamente por varones es consumidor habitual de alguna de estas sustancias frente al 45,6% que representan las mujeres. Del mismo modo, los hombres llegan a consumir cantidades superiores respecto a ambas sustancias.

 

Los resultados obtenidos muestran diferencias conductuales significativas según el grupo de análisis. La impulsividad cognitiva se puede definir como la tendencia del sujeto a precipitar sus respuestas, especialmente en tareas que explícita o implícitamente conllevan incertidumbre de respuesta, y a cometer más errores.

 

Respecto al análisis de los datos obtenidos a partir de pruebas de laboratorio que miden este tipo de impulsividad, los grupos de estudiantes consumidores de sustancias adictivas mostraron comportamientos más impulsivos que los no consumidores. No obstante, este patrón cambia cuando se tienen en cuenta la ejecución de tareas motoras, donde esta relación sólo se ha podido evidenciar en el grupo de consumidores de cannabis. La Impulsividad Motora, implica actuar sin pensar, dejándose llevar por el ímpetu del momento.

 

Como conclusión, estas expertas exponen “es una realidad innegable el consumo habitual de sustancias adictivas en la población de jóvenes universitarios. Por otro lado, parece claro que existe una relación entre el consumo de drogas e impulsividad aunque aún tenemos que esclarecer si esta actitud es una causa o una consecuencia del consumo de drogas”.

 

Fuente: Andalucía Innova

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La báscula puede ser el mayor enemigo de muchas personas, hombres y sobre todo mujeres, que desearían dejar de fumar pero que temen que el abandono del tabaco se traduzca en un aumento de peso que dé al traste con el objetivo de mantener la figura.

 

Sin embargo, y aun reconociendo que ambas situaciones son de algún modo correlativas, los expertos creen que tal circunstancia es fácilmente subsanable si el ex fumador o ex fumadora combina durante los primeros meses el ejercicio físico y una dieta equilibrada. “De ese modo -asegura la especialista en tabaquismo Justa Redondo- la ganancia coyuntural de peso, que está establecida en una media de 2,5 kilos persona, puede ser fácilmente neutralizada”.

 

La preocupación por el aumento de peso como factor inhibitorio a la hora de tomar la decisión de abandonar el tabaco es uno de los aspectos que conforman el programa del VIII Congreso Nacional de Prevencíon y Tratamiento del Tabaquismo, que tendrá lugar en Córdoba entre los próximos días 19-21 de febrero, y del que la Dra. Redondo es presidenta.

 

Las mujeres, los menores de 55 años, y quienes fumaban más de 15 cigarrillos diarios son, según el criterio de esta especialista, los principales candidatos a notar esos kilos de más, cuya génesis empieza a ser conocida ahora. “La falta de la habitual nicotina modifica los procesos termorreguladores y tiene como efecto que se depositen más sustancias grasas en el organismo”, explica esta especialista de la Unidad de Drogas y Adicciones del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba y miembro del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT). Otra explicación, complementaria de la anterior, es que a veces aumenta la ingestión de alimentos debido a la recuperación del olfato y el gusto.

 

Junto con la irritabilidad, y provocado por el ansia de nicotina, el aumento de peso es una de las más importantes razones para dudar en dejar de fumar, insiste la Dra. Redondo. “Tales síntomas están relacionados con un síndrome de abstinencia que se presenta escasas horas después de haber dejado el tabaco, aunque alcanzan su cota máxima durante los dos días siguientes y no desaparecen hasta pasado un mes, aproximadamente, si bien el aumento del apetito puede llegar a mantenerse durante meses”.

 

Pero el objetivo bien puede valer un poco de sacrificio. Entre otras razones porque, si bien es cierto que los problemas con el peso inciden más en las mujeres, también lo es que son ellas las que más beneficios obtendrán de un eventual abandono del tabaco. Y no sólo por sus efectos rejuvenecedores, expresados en una mejora del cutis y el retraso en la aparición de arrugas. “Eso puede ser importante, pero sin duda lo principal es que mejorarán todos sus parámetros de salud y de prevención, y no digamos si además están embarazadas”, señala la especialista.

 

En este sentido, recuerda que los hijos de madres fumadoras suelen nacer con un significativo déficit de peso, “aunque basta que se deje de fumar al comienzo de la gestación para que el niño nazca con las mismas características que los de madres no fumadoras”.

 

Indica, asimismo, que la eliminación del tabaco durante la gestación puede prevenir el 5% de las muertes perinatales, un 20% de nacimientos con bajo peso y un 8% de casos de prematuridad.

 

Por otro lado, y por si no fuera suficiente aliciente saber que la retirada del tabaco es el mejor freno contra el cáncer de pulmón y otras patologías respiratorias y cardiovasculares, junto a la mejor manera de ganar en años y calidad de vida, las mujeres que dejan de fumar retrasan también la menopausia hasta la edad en que generalmente aparece en las no fumadoras. “Todo son ventajas -concluye la doctora Redondo-, que deben de ser convenientemente valoradas a la hora de sopesar un factor en cierto modo tan banal y, por otra parte, tan controlable, como es una eventual pelea con la báscula”.

 

 

Fuente: JANO.es

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El tratamiento farmacológico del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la infancia previene el consumo de drogas en la adolescencia y la vida adulta. Así lo ha demostrado un metanálisis dirigido por Steve Wilens y publicado en las revistas Journal Clinical Psychiatry y Pediatrics.

 

Ésta es una de las cada vez más numerosas evidencias de la relación que existe entre TDAH y drogodependencia, aunque los estudios que se han hecho hasta ahora son de muestras pequeñas y se necesita uno más amplio para precisar su verdadero alcance. De hecho, ya está en ciernes, según ha anunciado Antoni Ramos, profesor asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y coordinador del Programa de TDAH, dependiente del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario del Valle de Hebrón, en Barcelona.

 

Este servicio, que dirige Miquel Casas, ha organizado la primera Reunión Internacional de TDAH y Sustancias de Abuso, que ha contado con 130 asistentes, entre los que figuran psiquiatras -parte de ellos especializados en drogodependencias- y pediatras. La organización de esta cita guarda relación con las evidencias sobre TDAH y drogodependencias que han aparecido en los últimos años. Varios estudios, aunque de muestras pequeñas, han descubierto que el 20 por ciento de los pacientes que acuden a una consulta por problemas de drogas sufren TDAH. Otros trabajos, de Estados Unidos e igualmente de pocos pacientes, han alertado de la relación inversa: pacientes con TDAH que acaban consumiendo drogas.

 

Las sustancias que consumen con más frecuencia son, por orden creciente, alcohol, cocaína y cánnabis.

 

Este marco teórico, que asocia TDAH y drogadicción, propició la constitución en 2005 de la Internacional Collaboration of ADHD and Substance Disorder (Icasa), un consorcio internacional integrado por catorce países europeos y, en la actualidad, también por Estados Unidos y Australia, a través de la participación de ciudades como Nueva York, Sidney y Perth.

 

El consorcio está dirigido por el grupo holandés de Geurt Van Der Glind, del Instituto Trimbos, que sería el equivalente a un Instituto Nacional de Salud en Holanda. Este grupo es uno de los de mayor experiencia mundial en esta materia y también ha estado presente en la cita de Barcelona. El principal objetivo de Icasa es llevar a cabo un amplio estudio en 6.000 pacientes para determinar la verdadera prevalencia de afectados por TDAH y drogadicción desde ahora hasta el 2010. El grupo de Psiquiatría del Instituto Universitario del Valle de Hebrón participa en este proyecto. Gracias a éste se podrán despejar los posibles sesgos de los estudios previos -todos ellos de muestras pequeñas y precisar el impacto de esta patología dual en Europa, donde coexiste población de distintos orígenes culturales.

 

Otra finalidad de este estudio es descubrir los factores genéticos que influyen en la presencia de la drogadicción en pacientes con TDAH, ha informado Ramos. Y, en general, más allá de este proyecto, ha destacado que otro reto pendiente es realizar más ensayos clínicos sobre la evolución de la eficacia de los tratamientos farmacológicos y psicológicos en TDAH y drogadicciones para obtener conclusiones y poder aplicar intervenciones bien dirigidas.

 

La investigación en TDAH y drogodependencias se centra actualmente en el estudio de la combinación terapéutica de tratamientos farmacológicos y psicológicos para prevenir las recaídas del consumo de drogas.

 

Hoy, los pacientes con esta comorbilidad se tratan con tamoxetina y metilfenidato. La principal ventaja de este último tratamiento es su acción prolongada y que evita que los pacientes le den un mal uso (frente a los de acción corta). Además, en la actualidad se ensaya en fase III otro fármaco de acción prolongada. Se trata de modafinilo, por ahora sólo indicado en narcolepsia. La investigación sobre este fármaco se ha frenado un poco al relacionarse con el síndrome de Steven Johnson. Pero, pese a ello, sigue adelante y, según se ha visto en fase II, controla los síntomas de TDAH, tales como inatención, hiperactividad e impulsividad.

 

Fuente: diariomedico.com

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Estudios presentados en el marco del VII Congreso Internacional de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), que se celebró en Benidorm, advierten de que los trastornos de ansiedad en los adolescentes fomentan el consumo de drogas.

 

Un estudio realizado por especialistas de varias universidades, sobre escolares de 15 a 17 años de las provincias de Alicante, Murcia, Castellón, Madrid y Oviedo, concluye que los adolescentes con ansiedad social son más propensos al consumo de drogas porque pueden “recurrir al alcohol y otras sustancias como forma de desinhibición” y porque su “déficit asertivo puede dificultar el rechazo de la droga”. Por otro lado, otro análisis efectuado entre adolescentes de 12 y 13 años de edad relaciona la impulsividad y ansiedad de los escolares con el inicio en el tabaquismo. Ambos estudios proponen medidas de intervención preventiva.

 

El problema es de doble filo y los expertos además han hecho hincapié en “el muy importante aumento de los trastornos de ansiedad en jóvenes y adolescentes por culpa de las drogas”, en palabras del presidente de la SEAS, Antonio Cano: “cada vez hay más consultas de jóvenes con trastornos provocados por el consumo de drogas y sustancias estupefacientes”.

 

Asimismo, el congreso ha desvelado el “alarmante” aumento del consumo de tranquilizantes en la población española, que llega a duplicar el de países como Alemania y Holanda. Según Antonio Cano, el 15,5 por ciento de los españoles consumen tranquilizantes o antidepresivos a lo largo del año, una tasa que es todavía superior en el caso de personas con pánico, con una media del 52 por ciento.

 

Fuente: diarioinformacion.com

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La dopamina es una amina que se sintetiza en el organismo a partir del aminoácido tirosina, al igual que otros neurotransmisores como la noradrenalina o la serotonina. Cuanto mayor es la activación del sistema dopaminérgico, mayor es la experiencia de euforia experimentada. La idea de que todo pueda estar relacionado con una misma sustancia química habilitada en el cerebro ha cambiado el modo de interpretar las dependencias. La dopamina no es sólo un químico que transmite señales de placer, sino que se configura también como la más importante molécula involucrada en la adicción. Como la mayoría de las moléculas biológicas importantes, la dopamina establece unos umbrales de equilibrio. Poca dopamina en ciertas áreas cerebrales desencadena los temblores y parálisis propias de la enfermedad de Parkinson; demasiada dopamina causa las alucinaciones y los pensamientos paranoicos de la esquizofrenia.

En cuanto a las drogas, las anfetaminas estimulan la producción de dopamina a nivel celular, la cocaína bloquea una enzima denominada DAT cuya función normal es absorber la dopamina que descargan las neuronas y la heroína se une al receptor dopaminérgico y estimula directamente los canales de refuerzo. Por su parte, la nicotina y el alcohol elevan los niveles de dopamina circulantes y, por otra parte, se ha identificado un compuesto químico desconocido en los cigarrillos que aumenta los niveles de dopamina por medio de un bloqueo de la enzima MAO B. Sin embargo, la dopamina es más que una molécula de placer y desempeña un extraordinario papel en el aprendizaje y la memoria.

En las adicciones, la dopamina actúa como un neurotransmisor tan potente que las personas, objetos, situaciones y lugares en que se consumió la droga quedan firmemente fijados en la memoria. Se ha demostrado también que, estimulados mediante el olor a tabaco, los fumadores no pueden controlar la urgencia de fumar de forma idéntica a como los perros estudiados por Pavlov no podían dejar de salivar ante el estímulo de comida.

Referencia: Jordi Montaner, 2007, “Dopamina, impulsividad y adicción”.

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Investigadores del Reino Unido han relacionado el temperamento impulsivo con el riesgo a desarrollar adicciones. La culpa, un neurotransmisor, la dopamina. Se trata de un neurotransmisor relacionado con el desarrollo de adicciones. Asimismo, trastornos como déficit de atención con hiperactividad, esquizofrenia o adicción a sustancias estimulantes se caracterizan por una alteración en los circuitos dopaminérgicos cerebrales. Hasta este momento no se conocía si la alteración era la causa o el efecto de estos trastornos de conducta.

El estudio, publicado en marzo de 2007 por la revista Science, describe como ratas cuya mayor impulsividad se justifica por un menor número de receptores de dopamina en el núcleo accumbens, la región del cerebro relacionada con el placer, son mucho más propensas a desarrollar adicciones. A través de una cuantificación de los niveles de unos receptores de dopamina, D2 y D3, en el núcleo accumbens, los firmantes del estudio afirman que es posible predecir la vulnerabilidad adictiva de una persona impulsiva.

Ratas alteradas
Los trastornos mentales como déficit de atención con hiperactividad, esquizofrenia o adicción a psicoestimulantes (anfetaminas o cocaína) se caracterizan por una alteración en los circuitos dopaminérgicos cerebrales. Los científicos, sin embargo, no sabían a ciencia cierta si esta alteración era causa o efecto del trastorno de conducta y el trabajo del equipo de investigadores decanta la balanza por el lado de la causa. Los animales más impulsivos del estudio ofrecían respuestas prematuras ante una serie pautada de estímulos (comida).

Los neurocientíficos sostienen que la predisposición a la adicción a la heroína o a cualquier otro opiáceo puede ser en muchos casos hereditaria .Técnicas de neuroimagen (PET) identificaron una notable disminución del número de receptores dopaminérgicos D2 en el cerebro que, a su vez, caracterizó a las ratas más impulsivas y con una mayor tendencia a la autoadministración de cocaína sin haberla consumido con anterioridad ni conocer sus efectos. El cerebro tiene varias formas de asegurar que el acto irracional de consumir sustancias adictivas como las drogas o el alcohol, por el placer que éstas causan, pueda llevarse a cabo sin solución de continuidad.

Adictos
Las neuronas de los adictos, abocadas a una anormal y elevada cantidad de dopamina responden defensivamente y reducen el número de receptores dopaminérgicos. Así se explica por qué los drogadictos empiezan tomando drogas para sentirse mejor, para luego tener que consumirlas para evitar la sensación de malestar y necesitan cada vez más sustancia para lograr el mismo efecto. Actualmente, los neurocientíficos sostienen que la predisposición a la adicción a la heroína o a cualquier otro opiáceo puede ser en muchos casos hereditaria, hasta el punto que se han identificado ya los genes que codifican la actividad de la dopamina en el cerebro.

Variaciones hereditarias en estos genes podrían alterar la eficacia con la que las neuronas procesan la dopamina. La mayoría de las drogas adictivas, bien sean estimulantes (cocaína) o relajantes (heroína), imitan la estructura de los neurotransmisores. Del medio centenar de neurotransmisores identificados hasta la fecha, muchos (incluyendo la dopamina) desempeñan un papel relevante en las adicciones.

Referencia: Jordi Montaner, 2007, “Dopamina, impulsividad y adicción”.

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