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Del 6 al 8 de mayo tendrá lugar el III Symposium nacional sobre adicciones en Vitoria-Gasteiz. En estas tres jornadas el objetivo principal será hacer partícipes a los asistentes de las últimas investigaciones o estudios sobre la cultura de la fiesta y el consumo de drogas por parte de la ciudadanía, tanto jovenes como adultos.

 

A continuación les dejamos los datos dónde pueden ponerse en contacto para realizar la inscripción:

 

Servicio de Alcoholismo y Ludopatías

C/Angulema 1. 01004 Vitoria-Gasteiz

Tfno: 945.12.06.36 Fax: 945.28.39.27

E-Mail: ldeza@sma.osakidetza.net

 

 

PDF_Symposium_Inscripción: III Symposión Nacional Sobre Adicciones

 

 

 

 

Autor: No Te Encadenes

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¿Es la enfermedad mental la que lleva a las drogas o son éstas las que traen la enfermedad mental? Es una pregunta que se hacen los terapeutas que trabajan con personas que consumen drogas y que presentan trastornos psicóticos, es decir, un alejamiento de la realidad. «Muchos estudios han evaluado el riesgo de que el cannabis, la droga ilegal más utilizada del mundo, provoque una esquizofrenia, la enfermedad mental más conocida», dice Ignacio Mata Pastor, médico psiquiatra del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander. «Practicamente todos ven que hay una relación entre ambos. Pero también es cierto que la esquizofrenia es una enfermedad con gran componente genético. Quien va a desarrollarla está predispuesta desde el nacimiento. En estas personas, el consumo de cannabis sería un síntoma más de su enfermedad». Esa es la gran duda. «¿Hacia dónde hay que poner la flecha?», se pregunta el especialista. «¿Es el cannabis el que provoca la esquizofrenia o son los estadios previos de la enfermedad los que llevan al consumo?».

 

Ignacio Mata ofreció una conferencia hace unos días en San Sebastián sobre la relación entre el consumo de cannabis y la psicosis. La charla se inscribió en las Jornadas sobre Drogodependencias organizadas por la Asociación de Afectados por la Droga, D.E.E. «El riesgo de que aparezca una enfermedad como la esquizofrenia está estrechamente relacionado con la edad de inicio de consumo. La adolescencia temprana es una etapa de altísimo riesgo».

 

Los jóvenes y adolescentes desconocen la vinculación entre el consumo de cannabis -una droga que utilizan 200 millones de personas en todo el mundo- y el desarrollo de enfermedades psiquiátricas, según alerta este experto. El cannabis o cáñamo índico se presenta en forma de hachís (resina que se extrae de las hojas y del polen de la planta) o en forma de marihuana (las hojas machacadas). La psicosis, por su lado, define cualquier patología en la que existe una desconexión de la realidad. Dentro de la psicosis, la enfermedad más conocida es la esquizofrenia, que afecta a pensamientos, percepciones y conducta.

 

En el hospital de Valdecilla existe una unidad especializada en los primeros episodios de psicosis. «Atendemos a todas las personas de la comunidad que debutan con un trastorno de este tipo», dice Mata. «Les seguimos durante tres años y hemos comprobado que la frecuencia de uso de esta droga en ellas es muy alta. Más de la mitad son consumidores de cannabis». Hay casos de gente muy joven. «La persona más joven que hemos tratado es un chico de 13 años con una psicosis tóxica, es decir, provocada por el consumo de drogas. Para los adolescentes son episodios especialmente dañinos. Hasta los 16 años el cerebro está en plena formación. Y según los estudios, el 50% de quien ha sufrido una psicosis tóxica, acabará desarrollando una esquizofrenia, una enfermedad crónica para la que hoy en día no hay curación».

 

Los casos de psicosis tóxica no son raros en los servicios de urgencias en los hospitales. «Todas las noches de viernes o sábado se ve un caso de este tipo. Casi siempre son adolescentes». A su juicio, es un problema grave. «La gente tiene poco miedo a las piscosis tóxicas. Te dicen: “Algún mal viaje he tenido, pero…”».

 

¿Cala en la sociedad la idea de los riesgos del consumo de cannabis? «Los riesgos a nivel psiquiátrico del uso del cannabis son muy poco conocidos», dice Mata. «En una encuesta con jóvenes realizada hace unos años por la Fundación Bartolomé de Carranza, de Navarra, el riesgo que atribuían al uso del cannabis era menor que el que podía producir el alcohol o el tabaco. Hay jóvenes que responden que no consumen drogas y cuando les preguntas “¿y porros?”, entonces dicen que sí».

 

¿Sigue siendo el cannabis una droga de fácil acceso? «El consumo de drogas sube. Es posible que el de cannabis se haya mantenido. Según las encuestas, alrededor del 30% de los adolescentes lo consumen con cierta regularidad».

 

José María Izeta es el responsable del programa “Eraiki” en Proyecto Hombre. El programa nació hace un año para atender a personas con toxicomanía y enfermedad mental severa o grave. Con una experiencia de 18 años como terapeuta en Proyecto Hombre, José María Izeta tiene claro que «detrás de las drogas hay siempre otro problema». «El uso de drogas es un síntoma que nos comunica que algo no se ha desarrollado bien. Todos sufrimos carencias y dificultades. Necesitamos ayudas. Algunos van más justos que otros. Y desde ahí entendemos la toxicomanía». En Proyecto Hombre se olvidan pronto de ese síntoma que son las drogas. «Tratamos el consumo, porque si la persona no está abstinente estaremos enredados con lo urgente sin abordar lo importante, el aspecto más profundo del ser humano».

 

Al hablar de enfermedad mental severa nos referimos a personas que desde su primera infancia han tenido problemas para posibilitar su desarrollo personal.

 

A veces los atascos son graves. «Ante una madre depresiva y sin apoyos sociales pueden invertirse los roles. La madre se agarra al hijo para salvarse. Es el único anclaje afectivo que encuentra. Ese niño hace una función antidepresiva. Y se queda bloqueado en el inicio de su vida. Irá más o menos bien. Pero a los 18 años surge un brote psicótico. ¿Debido a que ha tomado una pastilla? No. Entra en la etapa adulta y conecta, en un plano inconsciente, con un interior que no se había desarrollado. Se siente mal. Consume hachís, drogas. Y de pronto se rompe. La psicosis es la rotura, la desconexión con la realidad».

 

El trabajo que se realiza en Proyecto Hombre abarca a tres generaciones. «Siempre hemos trabajado con el sistema familiar, porque el sufrimiento fluye».

 

No hay leyes matemáticas para explicar la ruptura con lo real. «A lo largo de la infancia y de la vida van pasando cosas. No hay que pensar siempre en algo grande. El entorno juega un papel importante. En ambientes más desfavorecidos las toxicomanías son más duras porque lo social añade sufrimiento a lo personal».

 

Las familias sufren mucho. Izeta defiende que «con los hijos se hace lo mejor que se puede». «Cuando aparecen los problemas, se sufre por el propio dolor del hijo, por incomprensión, por vergüenza o por el juicio social».

 

Dentro de las rupturas con la realidad hay casos de tal gravedad que las soluciones son dificultosas. «El programa Eraiki se adecúa a distintos perfiles», explica. «Ayudamos a las personas a hacer el recorrido que puedan hacer. Con una esquizofrenia residual grave, complicada con ciertas adicciones, el pronóstico es más difícil. Y el recorrido es limitado. Pero algo haremos. Lo que necesitamos es tiempo. Es una variable importante. Las cosas se pueden trabajar pero requieren tiempo».

 

 

Fuente: diariovasco.com

Autor: Cristina Turrau

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Los hosteleros vascos recogen el guante lanzado por Lakua y, aunque se sienten desconcertados por haberse enterado por los medios de comunicación de los planes de la Administración en torno a prohibir el acceso de los menores de edad a aquellos establecimientos en los que se permita fumar, están dispuestos a iniciar un debate sobre el consumo de tabaco. Eso sí, no exclusivamente circunscrito al que se realiza dentro de los locales de hostelería, sino con miras más amplias.

 

“¿Debatir? Me parece estupendo que se debata sobre el tabaco, pero sobre todos los aspectos relacionados con ello. Sobre la venta, sobre el consumo dentro y fuera de los locales públicos y hasta sobre las subvenciones que tienen los agricultores de las regiones de Extremadura y Canarias por plantar tabaco. Tal vez concluyamos que hay que prohibir el tabaco definitivamente”, señaló ayer el presidente de la Federación de Hosteleros del País Vasco, Ángel Gago. En todo caso, el portavoz de los profesionales del sector interpretó ayer que desde que se aprobó hace tres años la Ley Antitabaco, la Administración no ha dejado de dar “bandazos” en torno a la norma.

 

El portavoz de los hosteleros vascos explicó ayer que el anuncio realizado por el Departamento vasco de Asuntos Sociales no le había sorprendido. Lo que sí le extrañó fue no recibir la propuesta de primera mano. “Colaboramos estrechamente con este departamento en muchas campañas de concienciación, de hecho tenemos una entre manos para este trimestre de cara a evitar que los menores consuman alcohol. Por eso no entiendo por qué no nos informaron primero a nosotros, cuando somos los primeros interesados”, señaló.

 

En todo caso, Gago aseguró ver con buenos ojos un debate abierto sobre el tema. “Está claro que la Administración no ha conseguido transmitir a la ciudadanía el cambio de actitud que perseguía, porque tres años después de la entrada en vigor de la Ley Antitabaco sólo se ha logrado reducir el consumo en torno a un 5%. Eso es un fracaso. Podríamos debatir también sobre la conveniencia de funcionar a base de decretos”, valoró. “Por hablar, podemos hablar de todo. Incluso de por qué hay que decidir por ley dónde se puede y dónde no se puede fumar. El día 6 estuve en la cabalgata de los Reyes Magos y me tuve que tragar el humo de un señor que estaba delante de mí, en la calle. No soy fumador y también me trago el humo de otros cuando voy al campo de fútbol o al frontón, así que tal vez podríamos hablar de todo esto”, apuntó el presidente de los hosteleros.

 

A juicio de Gago, las fechas elegidas para presentar la iniciativa de la Dirección de Drogodependencias, organismo asociado a la consejería de Asuntos Sociales, “no son las más apropiadas”, por hallarse afectadas por el clima preelectoral. “Las cosas pueden cambiar mucho de aquí a unos meses y lo que se diga podría condicionar lo que suceda en el futuro, por lo que tal vez deberíamos esperar antes de empezar a tratar un tema de esta envergadura”, apreció.

 

Otra cuestión candente en torno a la propuesta de Lakua -cuya intención consiste en promover un debate entre todas las partes interesadas antes de decidir un hipotético cambio normativo-, es la de qué hacer con los locales de hostelería que en su día acometieron obras para adecuarse a los preceptos de la Ley Antitabaco. “Hay gente que ha invertido mucho dinero en aislar parte del local, en prepararlo todo de acuerdo a la normativa y ahora se encuentran con este anuncio. No se puede actuar dando bandazos en torno a la ley”, explicó.

 

En todo caso, la propuesta de inicio de debate del Gobierno vasco no se limita a vetar el acceso de los menores a los bares con humo, sino que plantea eliminar las “lagunas” que a su entender existen en la actual Ley de Drogodependencias. Así, el Departamento de Asuntos Sociales quiere modificar la norma para dejar claro que deben ser los ayuntamientos vascos los que se hagan cargo de la ejecución de las denuncias, un aspecto sobre el que el presidente de los hosteleros de Euskadi no se pronunció.

 

El Gobierno vasco es consciente de que cerrar a los menores las puertas de los locales en los que se permite fumar puede llevar a muchos hosteleros a sumarse al prohibicionismo, pero ésta no es la primera acción que desarrolla para ganar terreno a los espacios dominados por el tabaco. Desde hace tiempo, el Departamento vasco de Asuntos Sociales forma parte del grupo de asociaciones e instituciones que promociona la Red Respira, un programa que agrupa a todos los establecimientos que han optado por la salud al adecuarse a la Ley Antitabaco y han elegido ser espacios libres de humo. Esta red representa “un reconocimiento a la labor responsable del empresario que ha optado por crear un hábitat saludable, contribuyendo con la mejora de las condiciones sanitarias para su personal y clientes, protegiendo así también a todos los fumadores pasivos”. Los locales que deseen sumarse al programa deben superar una inspección técnica para comprobar que cumplen todos los requisitos. Finalmente, logran una certificación que pueden exhibir como “valor añadido” a los servicios que ofrecen a sus clientes.

 

Fuente: deia.com

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Los jóvenes ya no tienen ningún reparo en ocultar el consumo de cannabis e incluso el de cocaína. Cada vez se adelanta más la edad en su inicio e incluso reconocen de forma muy mayoritaria que les resulta “sencillo” acceder a estas drogas. La “normalidad” en la que ha caído el consumo de estas sustancias hace que los chicos las legitimen para fines lúdicos, de forma semejante a lo que pasa desde hace años con el alcohol. Estas son algunas de las principales conclusiones del estudio Salud y juventud, elaborado el Observatorio de la Juventud de Euskadi, dependiente del Departamento de Cultura.

 

El informe, basado en 4.200 encuestas telefónicas realizadas a jóvenes de entre 15 y 29 años y en el trabajo de 11 grupos de discusión, integrados por muchachos de 13 a 29 años edad, refleja una juventud “feliz” y sin mayores preocupaciones, especialmente hasta los 25 años. A partir de ese momento y hasta los 29, ya surgen las inquietudes, en el momento de dar el salto a la “etapa adulta”, resalta Bakarne Zuazua, directora del Observatorio. “La etapa de la juventud se ha alargado, pero no es eterna. A partir de los 25 años se dan cuenta de que sus expectativas laborales puede que no se cumplan y empieza a sonar la hora de la emancipación”.

 

El trabajo se detiene de forma especial en varios apartados, todos directamente relacionados con la percepción que tienen los jóvenes de aspectos relacionados con su salud. En el consumo de drogas, destaca la sensación de que a los jóvenes les resulta muy fácil acceder a las drogas, como el cannabis o la cocaína. Tres de cada cuatro encuestados asegura que en su entorno podrían conseguir drogas ilegales con facilidad. El consumo esporádico y moderado del cannabis hasta puede tener efectos “terapéuticos”, según los jóvenes, lo que refuerza la imagen de legitimidad que han dotado a esta droga. Tanto con el cannabis como con el alcohol, los encuestados resaltan que mientras alguien “no se pase”, no hay problema. “No son conscientes de dónde se encuentra el límite del riesgo. Sería muy positivo romper la idea de que los riesgos del consumo de cannabis están sólo en un consumo excesivo”, apunta Zuazua. La cocaína es percibida como el fin de un itinerario, de un trayecto en el uso de las drogas. Sin embargo, es un paso que no parecen dispuestos a dar por el temor a su capacidad adictiva, algo que no aprecian ni en el alcohol ni en el cannabis.

 

En las relaciones sexuales, se constata “una gran normalidad” en el uso y el acceso a los métodos anticonceptivos. Cada vez resulta más habitual que sean las mujeres las que porten el preservativo. Sin embargo, cuando logran cierta estabilidad con una pareja, se relajan y bajan la guardia en cuanto a la protección. La “monogamia seriada” constituye un nuevo modelo de relación joven, donde las parejas estables puede que no duren más de un mes, pero tiempo suficiente para que los jóvenes dejen de utilizar los métodos anticonceptivos.

 

La juventud se percibe a sí misma de forma “emocionalmente estable” y con una autoestima alta. Sobre las esperanzas puestas en el futuro, el informe denota “cierto optimismo generalizado”. Con relación a la calidad de vida percibida y la satisfacción con la misma, la mayoría cree que tiene una vida buena (93,7%) y que su vida va bien (90,9%). Conducir de forma temeraria o bajo los efectos del alcohol es duramente criticado. Por otra parte, al menos un 21% ha vivido alguna situación de violencia no deseada.

 

LOS TRES FRENTES DE LA SALUD DE LOS JÓVENES

 

“El futuro no angustia”

 

Blanca Martínez Bellido es orientadora en el populoso Instituto de Secundaria Los Herrán, en Vitoria. Desde ese puesto, orienta a los escolares en sus proyectos de vida. Y desde esos pasillos del instituto puede observar que los jóvenes “no tiene preocupaciones. El futuro no les angustia”.

 

“Son unos felicianos. No se hacen cargo de su futuro con la misma crudeza con que tocó hacerlo a otras generaciones”. Ello también hace que vivan las cosas con más naturalidad, con menos prejuicios y con calma, “mucha calma”.

 

La orientadora sí que aprecia diferencias entre los jóvenes extranjeros que estudian en el centro vitoriano y los nacionales. “Los extranjeros sí creen que siendo buenos estudiantes tendrán un futuro mejor. Los nacionales tienen la idea de que los adultos les van a resolver las cosas”. Y cuando se desvanece esa red de seguridad empiezan los problemas.

 

“Seguridad inestable”

 

“Cuando los jóvenes llevan más de un mes con la misma pareja les invade una sensación de falsa seguridad. Es una seguridad inestable, que provoca que se relajen con el uso de los anticonceptivos”. El ginecólogo Iñaki Lete observa con preocupación esta idea superficial de estabilidad entre los jóvenes. “Creen que no hace falta protección porque hay confianza y eso lleva directamente al riesgo”.

 

Desde los embarazos no deseados, “un trauma para la mujer”, hasta el contagio de alguna enfermedad de transmisión sexual. Para evitar esos embarazos, la píldora del día después se ha convertido en una aliada. Al menos así lo ven los jóvenes, pero Iñaki Lete puntualiza que la juventud no abusa de este medicamento, que no lo usa a la ligera y de manera recurrente. “El 80% de las chicas que usa la píldora lo hace por primera vez. Sólo un 20% repite”, resalta.

 

“No perciben el riesgo”

 

Gabriel Otálora, director gerente de la Fundación Etorkintza, dedicada a la prevención y la asistencia a los drogadictos, asegura de forma abierta que muchos jóvenes “no tienen ninguna percepción del riesgo” cuando consumen alcohol o cannabis. “Se trata de dos drogas socializadas y eso les infunde confianza, pero el consumo crea un hábito y lo que descubre es que esa persona sufre un problema subyacente”.

 

Para Otálora, el hecho de que un joven consuma drogas como el cannabis de una forma regular es un signo externo de que “algo en su vida no funciona”. La prevención resulta complicada, según este experto, porque fumar un porro o beber alcohol se halla socialmente aceptado, como el juego. “Muchos jóvenes no se dan cuenta de que se han convertido en adictos porque se les ha pasado el momento de saber cuándo dejarlo”. Y ahí es cuando se quedan pillados.

 

Fuente: elpais.com

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El consumo de las drogas ilegales se hace a ciegas. El consumidor ignora lo que se mete y con qué grado de pureza, lo que multiplica los riesgos para la salud. Al no conocer la composición exacta de una sustancia que va a ser ingerida, se pueden correr riesgos de sobredosis, sobreestimulación o bajadas de tensión, mareos, etcétera. «Un ejemplo que vemos a menudo es la anfetamina. Recogemos muestras de anfetamina que varían de una pureza desde un 10% hasta un 98%. Esto hace muy difícil el control sobre la dosificación» comenta Miren, de Ai Laket (Servicio de testado de drogas del País Vasco).

 

Hay que tener en cuenta que en función de la sustancia que se emplee para cortar la droga, los efectos secundarios pueden ser muy diferentes: «Si la adulteración es con paracetamol hay que tener cuidado, ya que en estado puro presenta muy baja toxicidad pero su ingesta está contraindicada con el consumo de alcohol ya que ambas sustancias se metabolizan principalmente en el hígado, aumentando por tanto el riesgo de hepatoxicidad. Hay que tener cuidado si son consumos habituales, ya que el paracetamol dejaría de hacer efecto el día que se consumiera con un fin terapéutico».

 

El corte de la droga llega a tales extremos que en algunas ocasiones el llamado «material de carga» suplanta totalmente a la droga de origen: «Hace poco una persona nos trajo cocaína y comprobamos que la sustancia era un 91,05% de cafeína y un 8,95% de anfetamina».

 

Las sustancias más utilizadas para adulterar las drogas son cafeína, benzocaína, lidocaína, paracetamol, fenacetina, y dentro de los excipientes, lactosa, manitol y yeso. También se encuentran subproductos de reacción como el benzoato de ecgonina y materia orgánica.

 

La industria del corte de drogas, al margen de incorporar materiales nuevos, como el peligroso metanol, se mantiene invariable en origen y fluctúa en el último escalón del trapicheo al por menor: «No podemos decir que ahora se adultere más que antes. Realmente, con el vacío sanitario que hay, siempre se han adulterado bastante las sustancias. Es por esto que nuestro trabajo es fundamental a la hora de detectar sustancias potencialmente tóxicas para el organismo o para avisar del tipo de consumo que se puede realizar para evitar mayores problemas», subraya Miren.

 

La puesta en marcha de este servicio de testado de drogas hace seis años ha tenido un desarrollo creciente porque cada vez más ayuntamientos vascos contratan sus servicios, hasta el punto de que este año «hemos tenido que decir que no a más de un municipio, ya que no podíamos ofrecer un servicio de calidad por falta de recursos materiales y humanos o simplemente porque se nos colapsaban en un día más de dos intervenciones».

 

Ese interés creciente de los municipios ha ido paralelo al de los propios consumidores de drogas: «Está aumentando el nivel de usuarios que se acercan a donde nosotras y gracias a la información que repartimos, los consumibles, las consultas resueltas y los análisis realizados la gente toma conciencia de cómo reducir riesgos y fomentar un ocio y una gestión de placeres más saludable».

 

Fuente: Diariovasco.com

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El País Vasco está en plena ebullición de fiestas veraniegas. Ferias, verbenas y conciertos se suceden con un invitado común: el alcohol. Y es en estos escenarios donde muchos adolescentes tienen sus primeros escarceos alcohólicos. Además, en la mayoría de los casos el consumo de bebidas no se queda en un flirteo esporádico. Este fenómeno es especialmente grave en Euskadi, ya que según los últimos estudios, los vascos son los jóvenes que antes empiezan a beber. Además, dicha comunidad autónoma no solo encabeza el ranking de precocidad: también ostenta el primer puesto en cuanto a consumo de alcohol.

 

El último estudio del Observatorio Nacional sobre Drogas constata una realidad preocupante. El 85,1% de los estudiantes de Secundaria de entre 14 y 18 años reconoce haber bebido alguna vez en su vida, mientras que el 81,2% lo ha hecho en el último año. Destaca especialmente el 70,8% que no tiene reparos en admitir que ha ingerido alcohol en el último mes, un porcentaje que Euskadi supera ampliamente, ya que se encuentra en primer puesto, casi 13 puntos por encima de la media nacional.

 

La edad de inicio en esta droga social también es especialmente alarmante. Mientras que el promedio del país es de 16,7 años, los vascos se toman las primeras consumiciones a los 15,2, un dato que se mantiene estable desde el año 2000, según el informe Euskadi y drogas 2008 elaborado por el departamento vasco de Asuntos Sociales.

 

Precisamente, esta semana la delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Carmen Moya, alertó de la cada vez más temprana inmersión en esta dinámica, que algunos informes sitúan ya en los 13,8 años. Tampoco son alentadores los datos de consumo respecto a la población general. El 95,1% de los vascos de entre 15 y 64 años reconoce haber probado el alcohol alguna vez en su vida, el 82,3% admite haberlo hecho en el último año y el 67,1% en el último mes, Y casi un 15% tiene la costumbre de beber a diario. La media nacional se sitúa en todos lo casos por debajo de estas cifras.

 

Los expertos también advierten de que las pautas de consumo están cambiando. Se ha pasado del ‘modelo mediterráneo’, que se caracteriza por beber durante las comidas, al ‘modelo anglosajón’, en el que la ingesta se produce de forma intensa en cortos periodos de tiempo, como el fin de semana. Y es ésta una tendencia bien clara: entre los estudiantes de 14 a 18 años, ha descendido el consumo en el último año del 82,7 de 1994 al 74,9% de 2006, y en el último mes de 75,1 al 58%, pero las borracheras prácticamente doblaron su incidencia.

 

El consumo regular ha sido sustituido por la ingestión compulsiva. En Euskadi, el porcentaje de bebedores de riesgo en fin de semana es del 16,3% en 2008, la segunda tasa más elevada desde 1992 -sólo superada por el 17,4 de 2004-. El principal riesgo de esta nueva conducta reside en que puede provocar tolerancia al etanol y desencadenar daños irreversibles en el cerebro.

 

El consumo en España ha bajado ligeramente en los últimos años. De los 99,8 litros por persona ingeridos en 1996 se ha pasado a los 93,8 de 2004. Sin embargo, las conductas peligrosas, como las borracheras, se han afianzado: el 58,3% de los vascos de entre 15 y 24 años manifiesta comportamientos de riesgo los fines de semana. Además, los expertos advierten ante la escasa percepción que tiene la juventud de que este consumo pueda ser perjudicial para su salud.

 

Sólo el 64,8% de los vascos consideran esta conducta muy o bastante grave, más que en 2004 ó 2006, pero muy por debajo del 76,9% que lo definía de esta forma en 1998. La conclusión es clara: las drogas legales aún gozan de cierta clemencia social por parte de un importante sector de la población. Buena muestra de ello es que la cerveza, el vino, la sidra o los licores son bebidas perfectamente integradas en la sociedad y habituales en cualquier reunión.

 

Así, cerveza y sidra encabezan las preferencias diarias de hombres y mujeres, seguidos del vino y el champán. Sin embargo, los fines de semana se dispara el consumo de los combinados o los licores de fruta, cuya ingesta es más peligrosa que las bebidas tradicionales, ya que potencian la intoxicación.

 

Pero el aspecto más peligroso del alcohol es, sin duda, cuando va asociado a la conducción. Se calcula que la ingesta abusiva de bebidas alcohólicas está detrás de entre el 30 y el 50% de los accidentes mortales y de un tercio del total de los siniestros ocurridos en las carreteras. Todos los años fallecen en España 1.500 personas en accidentes provocados por este motivo y casi un millar de ellos son jóvenes. Teniendo en cuenta que el 43% de los casos sucede en fin de semana o en días festivos, la ecuación cuadra: alcohol, fiestas y conducción forman una combinación mortal.

 

En el País Vasco, los accidentes con fallecidos se redujeron en el último año del 86 al 70, un 9% menos (59% si se toma como referencia 2003); pero este buen dato esconde una realidad preocupante, ya que el número de positivos por alcoholemia tras un siniestro ha crecido en 2008.

 

El objetivo a largo plazo que se ha marcado la Dirección de Drogodependencias del Gobierno Vasco es erradicar el consumo en menores de edad de cualquier droga, sea ésta legal o ilegal. Las campañas están abiertas en todos los frentes.

 

Evitar la venta a los adolescentes, proponer actividades de ocio alternativas, informar durante las fiestas municipales a los jóvenes de los peligros que entraña este hábito o lanzar programas en universidades y autoescuelas son algunas de las iniciativas.

 

Como meta a más corto plazo, las autoridades aspiran a retrasar la edad de inicio en el consumo. Hasta el momento, el mensaje parece no haber calado.

 

Fuente: DiarioVasco.com

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“Llénate…pero de emoción” es un programa de prevención que promociona alternativas al consumo excesivo de alcohol en fiestas de los diferentes municipios del País Vasco.

 

El encargado de promover esta nueva iniciativa es el Gobierno Vasco, que instalará carpas provistas de información y material adicional en los recintos festivos de aquí a principios del mes de septiembre.

 

En las carpas se realizaran controles de alcoholemia cuantitativos (medición exacta del nivel de alcoholemia en aire expirado). Y se adjuntarán materiales informativos con pautas de reducción de riesgos para futuros consumos como alcoholímetros cualitativos y regletas informativas.

 

Del mismo modo, los interesados podrán encontrarse con diferentes actividades como Jumping: Actividad de deporte extremo consistente en el salto desde una grúa de 75 metros. El saltador se lanza desde una cesta o cabina por una grúa telescópica estando anclado a través de una cuerda por los tobillos y cintura con un arnés especial. Solamente podrán participar en la actividad personas mayores de 18 años o mayores de 16 años con autorización.

 

Antes del salto se realizará una prueba cualitativa de alcoholemia (únicamente dice si es positiva o negativa, no mide la cantidad exacta en aire expirado), y únicamente en el caso de resultado negativo (menos de 0,25 mg/litro en aire expirado) se podrá realizar el salto.

 

Regletas y alcoholímetros:

 

Se repartirán en la carpa a las personas que lo solicitan. Son alcoholímetros de usar y tirar, y las regletas dan información aproximada de la cantidad de alcohol en sangre según sexo, edad y peso.

 

 

Fuente: Drogomedia

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