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La báscula puede ser el mayor enemigo de muchas personas, hombres y sobre todo mujeres, que desearían dejar de fumar pero que temen que el abandono del tabaco se traduzca en un aumento de peso que dé al traste con el objetivo de mantener la figura.

 

Sin embargo, y aun reconociendo que ambas situaciones son de algún modo correlativas, los expertos creen que tal circunstancia es fácilmente subsanable si el ex fumador o ex fumadora combina durante los primeros meses el ejercicio físico y una dieta equilibrada. “De ese modo -asegura la especialista en tabaquismo Justa Redondo- la ganancia coyuntural de peso, que está establecida en una media de 2,5 kilos persona, puede ser fácilmente neutralizada”.

 

La preocupación por el aumento de peso como factor inhibitorio a la hora de tomar la decisión de abandonar el tabaco es uno de los aspectos que conforman el programa del VIII Congreso Nacional de Prevencíon y Tratamiento del Tabaquismo, que tendrá lugar en Córdoba entre los próximos días 19-21 de febrero, y del que la Dra. Redondo es presidenta.

 

Las mujeres, los menores de 55 años, y quienes fumaban más de 15 cigarrillos diarios son, según el criterio de esta especialista, los principales candidatos a notar esos kilos de más, cuya génesis empieza a ser conocida ahora. “La falta de la habitual nicotina modifica los procesos termorreguladores y tiene como efecto que se depositen más sustancias grasas en el organismo”, explica esta especialista de la Unidad de Drogas y Adicciones del Instituto Provincial de Bienestar Social de Córdoba y miembro del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT). Otra explicación, complementaria de la anterior, es que a veces aumenta la ingestión de alimentos debido a la recuperación del olfato y el gusto.

 

Junto con la irritabilidad, y provocado por el ansia de nicotina, el aumento de peso es una de las más importantes razones para dudar en dejar de fumar, insiste la Dra. Redondo. “Tales síntomas están relacionados con un síndrome de abstinencia que se presenta escasas horas después de haber dejado el tabaco, aunque alcanzan su cota máxima durante los dos días siguientes y no desaparecen hasta pasado un mes, aproximadamente, si bien el aumento del apetito puede llegar a mantenerse durante meses”.

 

Pero el objetivo bien puede valer un poco de sacrificio. Entre otras razones porque, si bien es cierto que los problemas con el peso inciden más en las mujeres, también lo es que son ellas las que más beneficios obtendrán de un eventual abandono del tabaco. Y no sólo por sus efectos rejuvenecedores, expresados en una mejora del cutis y el retraso en la aparición de arrugas. “Eso puede ser importante, pero sin duda lo principal es que mejorarán todos sus parámetros de salud y de prevención, y no digamos si además están embarazadas”, señala la especialista.

 

En este sentido, recuerda que los hijos de madres fumadoras suelen nacer con un significativo déficit de peso, “aunque basta que se deje de fumar al comienzo de la gestación para que el niño nazca con las mismas características que los de madres no fumadoras”.

 

Indica, asimismo, que la eliminación del tabaco durante la gestación puede prevenir el 5% de las muertes perinatales, un 20% de nacimientos con bajo peso y un 8% de casos de prematuridad.

 

Por otro lado, y por si no fuera suficiente aliciente saber que la retirada del tabaco es el mejor freno contra el cáncer de pulmón y otras patologías respiratorias y cardiovasculares, junto a la mejor manera de ganar en años y calidad de vida, las mujeres que dejan de fumar retrasan también la menopausia hasta la edad en que generalmente aparece en las no fumadoras. “Todo son ventajas -concluye la doctora Redondo-, que deben de ser convenientemente valoradas a la hora de sopesar un factor en cierto modo tan banal y, por otra parte, tan controlable, como es una eventual pelea con la báscula”.

 

 

Fuente: JANO.es

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