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Posts Tagged ‘Pulmón’


De acuerdo con los resultados de un estudio desarrollado por investigadores del Centro Internacional de Medicina Respiratoria Avanzada (CIMERA- Fundación Caubet) de las Islas Baleares y publicado en el último número de la revista American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine (2009;180:3-10), el desarrollo pulmonar es más rápido en las mujeres que en los hombres, aunque el efecto nocivo del tabaco es similar en ambos sexos.

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El primer artículo en que el profesor Richard Doll estableció una relación directa entre el cáncer de pulmón y el hábito de fumar apareció en 1950, en el British Medical Journal; y nadie, como era de esperar, le prestó mucha atención. Fumar estaba bien, fumar era cool y no hacía daño; tan inofensivo era que incluso muchos médicos se prestaban para publicitarlo, así que, a pesar del rigor de los estudios del doctor Doll, la comisión de cáncer del Departamento de Sanidad británico pensó que pedir a la gente que dejara de fumar podía originar “un ataque masivo de pánico”.

 

Así estaban las cosas a comienzos de los 50. Puede que muchos, cuando se topan con las agresivas campañas contra el tabaco que llevan a cabo casi todos los gobiernos occidentales, den por sentado que son el último eslabón de una larguísima batalla, que han sido acaso siglos intentando persuadir a los fumadores, tratando de explicarles, de hacerles ver, de hacer que comprendan que cáncer y tabaco conforman un binomio, sólido e indisoluble; lo cierto es que hasta bien entrado el siglo XX era considerado un hábito inofensivo, y fue el epidemiólogo británico el encargado de revelar la realidad destructora de los cigarrillos. Lo hizo justo después de dejar de fumar.

 

En 1948, Doll (sir Richard Doll gracias a sus hallazgos) trabajaba en el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido. Decenas de miles de hombres que habían regresado del frente habían multiplicado extrañamente las estadísticas de cáncer de pulmón, y la inquietud de las autoridades sanitarias resultó en un encargo para que investigara y explicara lo que estaba ocurriendo. “Yo personalmente pensaba que era culpa del alquitrán de las carreteras. Sabíamos que había carcinógenos en esa sustancia”, dijo más tarde. Se creía igualmente que la causa podía ser la contaminación atmosférica, tanto así que las autoridades estaban dispuestas a aceptar que todos esos soldados tenían más en común el haber aspirado el aire viciado de Londres que haber compartido experiencias en el frente. Y estar en el frente, como saben los soldados, significa fumar. Y mucho.

 

“El riesgo de muerte aumenta en proporción a la cantidad de tabaco fumado –escribió Doll en su artículo de 1950, una de las primeras frases que relacionaron tabaco y cáncer–. Puede ser 50 veces superior entre quienes fuman más de 25 cigarrillos al día que entre quienes no fuman”.

 

Los obstáculos que a partir de entonces tuvo que sortear antes de ver reconocidos sus postulados fueron, probablemente, el anticipo de lo irritantemente lentas y farragosas que han sido las posteriores batallas contra el tabaco, las tabacaleras y el tabaquismo. Así las cosas, tuvieron que pasar cuatro años para que el Ejecutivo británico suscribiera el trabajo del profesor. Ese día, el 12 de febrero de 1954, el ministro de Sanidad compareció ante la prensa para decir que sí, que el tabaco producía cáncer; lo hizo (sin un ápice de cinismo) fumando un cigarrillo tras otro.

 

Unos meses antes, Doll había recibido la inesperada visita del presidente de Imperial Tobacco, quien llegó acompañado de su experto en estadística. Los dos ponían en duda sus investigaciones. A Doll le gustaba contar que cinco años más tarde el estadístico había amenazado con dimitir, exigiendo a su jefe que reconociera en público la verdad de sus hallazgos. Acabó en la calle, naturalmente, aunque antes, usando por última vez su cuenta de gastos, quiso tener el detalle de invitar al profesor y su esposa a cenar.

 

Doll murió en el 2005. Y no de cáncer de pulmón.

 

 

 

Fuente: elperiodico.com

Autor: Mauricio Bernal

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Las personas expuestas al humo del tabaco tienen entre un 25 y un 40% más riesgo de sufrir enfermedades como cáncer de pulmón, enfisema y cardiopatía isquémica, que aquellas que no están expuestas con frecuencia al humo, según un documento elaborado por el VIII Congreso Nacional de Prevención y Tratamiento del Tabaquismo, que se celebrará del 19 al 21 de febrero en Córdoba.

 

Según explicó la presidenta del Congreso, la Dra. Justa Redondo, el tabaco contiene más de 5.000 sustancias, 400 de las cuales son tóxicas y más de 60 cancerígenas. “Por tanto, puede afectar a todos los que se exponen al humo del tabaco, aunque sea por el simple hecho de estar al lado de un fumador”, apuntó. “Cada vez que alguien enciende un cigarrillo comienzan a liberarse sustancias tan peligrosas como cianuro, amoniaco y monóxido de carbono, lo que significa que no sólo es el fumador el que los inhala, sino también cualquier persona de su entorno”, añadió.

 

En este sentido, el humo que procede de la combustión espontánea del cigarrillo (corriente secundaria) es más nocivo que el humo exhalado por el fumador (corriente primaria), debido a que en la corriente secundaria hay mayores concentraciones de compuestos dañinos que en el humo inhalado, señala el informe. De hecho, se ha descubierto que el nivel de monóxido de carbono, que tiene la particularidad de apropiarse del oxígeno de la sangre, puede ser de 2 a 15 veces más alto en el humo procedente de la corriente secundaria, que es, por otra parte, el más común en toda habitación o sala en la que se reúnen fumadores y no fumadores, destaca el documento.

 

Respecto a las consecuencias del humo del tabaco en lactantes y niños, la Dra. Redondo afirmó que “en sus primeros 2 años de vida, los hijos de padres que fuman en casa tienen una tasa de enfermedades pulmonares como asma, bronquitis o neumonía, mucho más alta que los niños cuyos padres no fuman”. Los niños son “particularmente susceptibles” a los efectos del tabaquismo pasivo porque sus bronquios son más pequeños y el sistema inmunitario está inmaduro y menos desarrollado, subrayó. De ahí “que padezcan con mayor facilidad infecciones respiratorias y de oído cuando están expuestos al humo ambiental de tabaco”, explicó. Además, “los niños respiran también más rápidamente que los adultos, lo que les lleva inhalar mayor cantidad de productos químicos peligrosos que los adultos”, comentó la especialista.

 

 

Fuente: JANO.es

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Pueblo es el nombre de una ciudad de 100.000 habitantes a 160 kilómetros al sur de Denver, la capital de Colorado, en Estados Unidos. Es el puro midwest americano y uno de los centros clave de producción de acero del país. Sin embargo, Pueblo quizá pase a la historia más por su contribución a la causa de los fumadores pasivos que por su capacidad industrial. De hecho, un estudio publicado en Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR), la revista de los Centros de Control de Enfermedades (CDC, sus siglas en inglés) de Atlanta, ha puesto de manifiesto las bondades para la salud pública de evitar que se fume en recintos estancos. La base de la investigación se centra en que en Pueblo entró en vigor, el 1 de julio de 2003, una ley que prohibía fumar en cualquier lugar público cerrado.

 

Tres años después de la puesta en marcha de la norma, el número de hospitalizaciones por infarto agudo de miocardio ha caído de una forma tan significativa que muchos especialistas creen que es una inmoralidad y un atentado contra la salud publica, permitir fumar en cualquier local cerrado, independientemente de los metros cuadrados que tenga.

 

El número de estudios que certifican el riesgo para los no fumadores del humo del cigarrillo en el ambiente es elevado a día de hoy, como también lo es el de aquellos que sugieren que las prohibiciones de fumar en locales disminuye los problemas de salud relacionados con el tabaco en los no fumadores.

 

La peculiaridad del trabajo que ahora ve la luz estriba en que es el primero que evalúa las bondades transcurrido un plazo de tres años tras la puesta en práctica de una Ley Antitabaco rigurosa.

 

Los habitantes de Pueblo con síntomas sospechosos de infarto de miocardio son atendidos siempre en dos hospitales: el Parkview Medical Center y el Saint Mary-Corwin Medical Center. Así, los datos de la incidencia de esta patología en la ciudad están perfectamente controlados. Se sabe, por lo tanto, el número de infartos anuales que hubo antes de 2003 y se conoce también los que han sucedido tras la entrada en vigor de la Ley.

 

En julio de 2006, el número de infartos de miocardio atendidos en los dos centros médicos de Pueblo había descendido un 41% comparados con los que hubo en 2003. Es una caída espectacular que indica la trascendencia para la mortalidad y la morbilidad de llevar a cabo una política de protección a los no fumadores. En el escrito, sus autores ponen de manifiesto que el descenso en la incidencia del peor problema coronario se debe más a la reducción del humo de segunda mano entre los no fumadores que al número de adictos que en ese tiempo abandonaron el tabaco y se convirtieron en exfumadores.

 

Una de las particularidades que refuerzan los datos de esta investigación es la comparación que se hizo entre lo que ocurrió en Pueblo y las estadísticas de Colorado Springs, una ciudad de 300.000 habitantes localizada a 50 kilómetros al norte y en la que también están muy bien documentados los infartos de miocardio. Colorado Springs y su área de influencia, el condado de El Paso, no tenían en 2003 una ley que impidiera fumar en lugares públicos tan tajante como la que existía en Pueblo. Así, mientras la incidencia de infartos bajaba en esta ciudad de forma significativa, el número de problemas agudos coronarios no se modificó entre los del condado de Colorado. Los expertos opinan que el factor clave de esta diferencia ha sido, sobre todo, la ley que protege en Pueblo a los no fumadores.

 

El tabaquismo pasivo ya está considerado uno de los mayores factores de riesgo evitables de enfermedades cancerosas y cardiovasculares. Muchos países del mundo así lo han entendido y han promulgado leyes que intentan proteger del humo del cigarrillo en el ambiente a la gran mayoría de los ciudadanos que no fuman. La que existe en España desde hace tres años debe mejorarse de forma manifiesta y, sobre todo, cumplirse a rajatabla en todas las autonomías del Estado. Como lleva tiempo denunciando el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), hay que ampliar la Ley y prohibir fumar en cualquier lugar cerrado, independientemente de sus metros cuadrados, a la vez que las autoridades de cada comunidad autónoma deben hacer esfuerzos para que se cumpla el precepto, sancionando cualquier denuncia cierta.

 

Se sabe que autonomías tan cercanas al actual Gobierno, como son la aragonesa y la andaluza, pretenden fortalecer las normas y así contrarrestar la pasividad de un Ministerio de Sanidad, tachado por la comunidad médica de descafeinado y populista, al que un tema de la trascendencia para la salud del tabaquismo pasivo parece que le importa muy poco. Una actitud que incomprensible para el CNPT. Nuestras autoridades tienen la evidencia de que la mayoría de los españoles está de acuerdo en que se prohíba fumar en los lugares públicos, incluidos por supuesto los bares y los restaurantes. Pocos comprenden por qué no se hace.

 

 Fuente: elmundo.es/suplementos/salud

Autor: José Luis De La Serna

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